Soneto LXXVII/Por Miguel Ángel Buonarroti

De difícil datación. Por el tono espiritualista y las imágenes, Girardi lo sitúa entre la última producción migueIangelesca.

El sujeto de la primera oración es los espíritus electos, en el tercer verso.

 

Soneto LXXVII

 

No fueron menos ledos que tristes y turbados

porque padecieras tú, y no ellos, la muerte,

los espíritus electos, cuando las cerradas puertas

del cielo, con tu sangre en tierra abriste al hombre.

Alegres, porque, creado, lo redimiste

del primer error de su mísera suerte;

tristes, al sentir que en la pena áspera y fuerte,

siervo de siervos en la cruz te hiciste.

Por ser quien eras, hizo tal signo el cielo

que oscureció sus ojos, abrió la tierra,

temblaron montes y las aguas se hicieron turbias.

Sacaste a los grandes Padres del reino tenebroso,

y a los ángeles malditos sumergiste en más dolor;

sólo gozó el hombre, renacido en bautismo.

El Objeto

Por  Ricardo Pohlenz

La cosa se dice en su inutilidad. Su nombre, misterio de lo genérico, contiene al mundo. La cosa es una apuesta de comprensión ahí donde alcanza con palabras el decirlo, por discreción, por olvido, por no tener a la mano otra palabra u otro gesto para ese espacio vacío que se significa en su inminencia.

 * * *

Un objeto es siempre un objeto de afecto; es una forma de pertenencia; una obligatoriedad.

 * * *

El objeto se hace desde la mirada. No es un qué en el mundo, sino un cómo, un dónde.

 * * *

La disposición y uso del objeto son aleatorios. Su verdadera naturaleza siempre está en potencia.

* * *

John Cage nos dice que por tanto, todo lo visto (lo dicho, todo objeto más el proceso de mirarlo) es un Duchamp.

* * *

John Cage nos dice que digamos que no es un Duchamp, con voltearlo se tiene un Duchamp.

* * *

Parrafrasear a Cage en lugar de citarlo arma un objeto distinto, no muestra la idea de manzana tal y como puede ser vista sino que muestra la idea que la aproxima a su imagen real. Esto último se acerca más a nuestra percepción de la realidad, una invención dada en lo sensual que se asume como lo real.

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La Escultura en Antioquia

La Evolución de la pintura y la escultura en Antioquia/Colombia

II. Los Iniciadores

 La Escultura

 LA escultura se inició bajo los mismos postulados e idénticas dificultades que la pintura. Pero debe reconocerse el hecho, y el reconocimiento es válido para todas las épocas, de que muchos fueron los artistas aficionados que dibujaron, pintaron y esculpieron a espaldas de la diosa Fortuna; entonces, sin estímulos dejaron los únicos testimonios de valor como son las obras y los discípulos.

Como un eslabón sin explicación lógica, surgió WALDO RODRIGUEZ (1851 - 1908), autodidacto y romántico que soñaba con la gloria de nuestros héroes y para crearlos en material permanente se retiraba a las canteras vecinas, confiando apenas en su acervo cultural, en la sensibilidad que poseía y en su portentosa habilidad para la talla directa en madera.

 Rodríguez acometió la empresa ejecutando gran cantidad de estudios labrados en piedra blanda como base para la estatua de “Simón Bolívar”, inaugurada el 17 de Diciembre de 1894, en la plaza municipal de Santa Rosa de Osos. Es este el primer monumento levantado al Libertador en el Departamento de Antioquia y por serio y por el aliento que lo anima, la Honorable Asamblea y el Honorable Concejo Municipal, honraron al escultor con una Ordenanza y un Acuerdo respectivamente.

 Más tarde esculpió la estatua del “General José María Córdoba” que se levantó en la mitad de la plaza principal de Rionegro y que en el año de 1962 fue retirada de su sitio con el fin de no estorbar al bronce de Arenas Betancur, colocado en uno de los costados de la misma plaza.

Las obras de Rodríguez fueron pocas pero suficientes para medir su capacidad en el arte de esculpir. Casos como el suyo son una excepción y fue, coincidencialmente, paralelo al de FRANCISCO ANTONIO CANO, artista mejor formado, pues había perfeccionado su arte en París al lado del escultor Pueche; recibió también la influencia de Rodin (1840 - 1917) que hacia el año de 1900 se encontraba en la plenitud de la madurez y en el pináculo del prestigio y, además, había observado y estudiado las obras de los mayores escultores de todos los tiempos en los principales museos europeos. A pesar de este acervo de experiencias Cano permaneció fiel a su pensamiento, se ajustó al ambiente y ejecutó la escultura que juzgaba necesaria. Sin romper abruptamente la tradición, impuso una escultura civilista, de técnica moderna y por tanto de mayor libertad.

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Constantino Carvajal/escultor, pintor, imaginero

PINTOR, IMAGINERO Y ESCULTOR

 Constantino Carvajal nació en Don Matías, Antioquia,Colombia, el 8 de noviembre de 1881 y murió en Medellín el 19 de febrero de 1995. Su padre, Alvaro Carvajal Martínez, fue un extraordinario imaginero y, al calor de su taller, sus hijos recibieron ese hálito vital que haría de ellos un equipo de valiosos escultores.

En 1910 Francisco Antonio Cano fue nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá y Carvajal lo siguió e ingresó a aquel centro artístico, donde continuó y finalizó sus estudios de pintura y escultura. Al regresar a Medellín en 1912 y con la colaboración de sus hermanos Rómulo, Álvaro y Evelio, organizó un taller de imaginería, y todos, con la sólida formación que ya tenían, ofrecieron al público una fecunda producción de imágenes de verdadero valor artístico. Iniciada ya su madurez, encontró en España, Francia, Italia, Holanda y otros países, los motivos para reafirmar su pensamiento, mejorar su técnica y estudiar con detenimiento el arte de fundir el bronce.

 

En 1955, en el Municipio de Bello se instala en el Monumento Nacional de La Choza, donado por Fabricato, la estatua de Don Marco Fidel Suárez (bronce 3.53 x 2.05 x 1.40 m), en cuya base se encuentran dos grabados en bronce que representan al hijo humilde de la choza, y al connotado maestro en letras. El rostro escultórico mantiene una mirada contemplativa hacia el norte, frente a la avenida que lleva su mismo apellido, zona que a partir de 2007 recibe el nombre de Boulevar de la Cultura.

Sus esculturas conectan al artista con otros importantes municipios de Antioquia y del país, como son, el monumento del Mariscal Jorge Robledo en Santa Fé de Antioquia, el de Atanasio Girardot en la Ciudad de Giradot, los innumerables de Bolívar y Santander a lo largo y ancho del país, el del Obrero en Sonsón, el de Benjamín Herrera en Cali y el de Cristo Pastor, de temple romántico que descansa sobre el monumento funerario familiar en el Museo Cementerio de San Pedro en Medellín, además de otras relevantes obras que por voluntad política no se ejecutaron.

Fuera de saber quién es el artista grabado en el metal, se interpreta a partir del mismo, un acontecimiento importante de la escultura en Colombia. Así comenta Darío Ruíz, que hacia 1923, en una revista de Medellín, Constantino Carvajal publicó un comunicado insistiendo en que se apoyara el arte nacional en contra de los gustos y usos mercantilistas de la época, debido a la gran demanda que tenían la escultura y la industria imaginera de los italianos, franceses y españoles, a quienes se encomendaron la mayoría de obras de arte conmemorativo y religioso de principios del siglo XX, época donde brilló por su ausencia el trabajo de talla colombiana.

Constantino no dejó de practicar la pintura a lo largo de su vida y en ella asimiló, en parte, el exquisito gusto del maestro Cano. Al analizar algunas de las más representativas, encontramos también puntos de contacto con los pintores franceses Corot, Millet y Troyon, por la definida comunicación que solían tener con la naturaleza, aunque difieran en el ambiente y en el manejo del color. El “Abrevadero”, la “Yunta”, el “Campesino vendiendo flores”, etc., son cuadros de género que producen una gratísima impresión.

En los retratos pintados al óleo es característico el modelado ajustado, con el propósito de llevarlos después a la escultura, como es del del “Mariscal Jorge Robledo”. Pero su verdadera dimensión como artista está en la escultura, pues ella resume lo aprendido de los maestros nacionales y extranjeros: como Cano, Carpeaux y Meunier, cuyo realismo tuvo una vasta influencia en nuestro medio, interesado en exaltar a los héroes y próceres de la patria.

 

Aportado por:  Jota Gutiérrez, Edgar Restrepo, Centro de Historia de Bello, 2007.  


Fuentes:  RAMÍREZ, Tulia. Constantino Carvajal, pintor, imaginero y escultor.

En: Revista Fabricato al Día, No. 117, Vol. 10, Jul- Ag, 1974.  RUÍZ, Darío. Imagineros y Escultores de Antioquia hasta 1940. Medellín: Cámara de Comercio de Medellín, 1982.
Texto gentilmente suministrado por El Centro de Historia de Bello, 2007

En http://www.colarte.arts.co/colarte/conspintores.asp?idartista=7736

LA INFLUENCIA DE RODIN

VI. CONTINUIDAD Y CAMBIO

LA INFLUENCIA DE RODIN

 

No era posible por más tiempo, aunque muchos escultores no se percataran de ello, seguir esculpiendo después de Rodin como se había esculpido antes que él. La escultura académica, con su artificial fidelidad hacia la tradición clásica, contribuyó a desfigurar las plazas públicas y los cementerios con multitud de estatuas ampulosas y de monumentos melodramáticos. Por lo tanto la obra de Rodin había despertado la conciencia de los artistas hacia problemas que incluso se referían al mismo acto de esculpir. El nuevo y más importante descubrimiento en pintura y también en escultura fue que el artista era independiente de la Academia y podía, basándose en sí mismo, desarrollar su propio estilo. La mayor libertad y subjetividad ahora posibles produjo una nueva escultura, pero transcurrió algún tiempo antes de que el ejemplo de Rodin se incorporara a ella. Antes de examinar las repercusiones de las enseñanzas de Rodin sobre los conceptos estéticos, alejados de su propia esencia, debemos de considerar la obra de alguno de los muchos escultores que, directa o indirectamente, fueron influenciados por él.

En realidad, Rodin nunca tuvo alumnos, pero fue mucho lo que exigió a los jóvenes escultores que le ayudaron y éstos aprendieron su profesión en su estudio. Cuando llegó el momento de que tomaran sus propias decisiones, es lógico que les resultara difícil liberarse de su influencia. Esto no impidió que algunos, tales como Bourdelle y Despiau, llegaran a ser excelentes escultores con un estilo propio. De modo similar, Pompon, aunque trabajó para  Rodin durante más tiempo que la mayoría, siempre procuró conservar su obra libre de la influencia del maestro. Otros, como Camille ClaudeI, la hermana de Paul Claudel, y Judith Cladel, nunca lograron borrar por completo las trazas de su extremadamente apasionada admiración. Verdaderamente es sorprendente que Rodin hubiera permitido a Camille Claudel modelar su obra de modo tan semejante al suyo y maravilla el grado en que pudo ser adulado por esta imitación. Pues Rodin era vanidoso; insistía a su hijo en que le llamara «Maestro». Sin embargo, Camille Claudel fue una artista inteligente y un magnífico técnico. La fuerza de su obra, que incluye un Busto de Rodin, es excepcional para una mujer.

 Quizá el más famoso de los «alumnos» de Rodin sea Bourdelle, quien a los treinta y dos años comenzó a trabajar para Rodin. Ya no era un principiante, pero su contacto con Rodin tuvo un efecto decisivo sobre su obra. Dejó una voluminosa colección de escritos en su estilo lírico y peculiar, relativos a su vida, gustos y aspiraciones. También contienen los aspectos fundamentales de sus lecciones en la Academia de la Grande Chaumiere, donde enseñó durante veinte años. Expresando un entusiasmo que nunca le abandonó, aun en su vejez, estos escritos aclaran el peculiar desarrollo de su escultura.


Al igual que David d’Angers, Bourdelle (1861-1929) era hijo de un ebanista (o como él mismo declaró «carpintero, ebanista y tallista»). Sus primeros ensayos en escultura fueron las tallas ornamentales en los aparadores construidos por su padre. Posteriormente le agradaba recordar su infancia en Quercy y los soleados días en que apacentaba las cabras de su tío, una experiencia reflejada una y otra vez en su escultura. En la escuela en Montauban, su ciudad. natal, no fue un discípulo muy aplicado, pues empleaba la mayor parte de su tiempo en dibujar. Sus padres se vieron obligados a reconocer su irresistible vocación y fueron lo suficientemente inteligentes como para animarlo. Después de haber asistido durante una temporada a la Escuela de Arte Municipal, ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Toulouse donde ganó una beca para la de Bellas Artes en París.

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El oficio del escultor

José Domingo Rodríguez (1895-1968) El oficio del escultor

En http://www.museonacional.gov.co/

El Ministerio de Cultura, a través del Museo Nacional de Colombia, presenta la exposición José Domingo Rodríguez. El oficio del escultor, que se exhibirá del 27 de julio al 14 de diciembre del 2007 en la Sala Permanente Ideología, Arte e Industria [1910-1948].

La muestra busca destacar la obra el maestro José Domingo Rodríguez [Santa Rosa de Viterbo, 1895 - Macuto, Venezuela, 1968], cuya producción fue ampliamente reconocida en la primera mitad del siglo XX, como exponente de la generación de los nacionalistas (artistas que trabajaron en torno  a la  mezcla de la herencia indígena y el costumbrismo, durante  las décadas de 1930 y 1940), aunque por diversas razones, su aporte hoy en día es desconocido. 

El Museo exhibirá algunos de sus proyectos escultóricos desconocidos hasta hoy y dará cuenta de su legado como docente de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional. 

Le exposición está conformada por 130 objetos entre ellos: esculturas, dibujos, fotografías y pinturas,  los cuales fueron donados al  Museo por Blanca Cecilia Omelance, Alba Rosa y María Ofelia Rodríguez Vargas, hijas del maestro Rodríguez.



¿Quién es José Domingo Rodríguez?


Fue un escultor boyacense que se formó en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, donde también fue profesor, y en la Academia de San Fernando en Madrid, donde  fue discípulo de Victorio Macho, reconocido escultor español y quien fuera maestro, por corto tiempo, de los más destacados exponentes de los nacionalistas o también  llamados como grupo Bachué, por algunos investigadores.

Como Bachué se conoce al grupo de artistas de la década del treinta, cuya producción se inspiró en  los temas étnicos, las historias precolombinas y las referencias geográficas. La producción escultórica más sobresaliente de Rodríguez se dio en las décadas de 1930 y 1940 y se considera que el escultor se enmarcó en los intereses de este grupo porque abordó temas sociales y personajes de la vida cotidiana, aunque su producción se ajustó a los cánones clásicos de la escuela europea. 

Rodríguez trabajó casi todos los materiales: madera, mármol, piedra, granito, bronce, yeso, terracota y cemento. Entre sus obras se destacan las esculturas que elaboró para monumentos públicos, ubicadas en  cementerios y altares de capillas. Entre las más conocidas están el monumento a Coltejer  (Medellín) y los bustos de Santander (Palacio de Nariño), Enrique Olaya Herrera (Guateque, Cundinamarca), y José María Hernández (Cementerio Central de Bogotá).  También trabajó obras en pequeño formato y de gran expresividad,  en las cuales plasmó campesinos y animales. 

En 1928 ganó una medalla de oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla con la escultura Eva (reg. 6439). En 1942 fue premio en escultura en el III Salón de Artistas colombianos, y en 1950, obtuvo el premio “República de Colombia”, en el Salón Bienal de Madrid (España), con la obra Angustia (reg. 3103). Participó en numerosos salones nacionales y exposiciones individuales en el país, así como en Madrid, Nueva York y Venezuela.  En la década del cincuenta comenzó a trabajar una temática abstracta y en los últimos años retomó la pintura de paisaje. 

En 1948, con motivo de la inauguración del Museo Nacional, se organizó una exposición en la que participaron Rodríguez y la pintora colombiana Blanca Sinisterra [Bogotá, 1907 - Bogotá 2.7. 1995], y hoy, 60 años después, con motivo del cumpleaños 185 del Museo y en el marco del programa expositivo: “Nuevos nombres del pasado”, se presenta una muestra que da cuenta de su aporte en la historia del arte colombiano.
 


La belleza y sus contradicciones

Por Gabriela Galindo

 

Llegar a una definición de lo bello es una tarea que puede costar más de una vida; la trayectoria de la estética, la belleza y el arte mismo está estructurada en conceptos tan abstractos que no nos llevan fácilmente a una respuesta satisfactoria. En principio, la primera conclusión a la que pude llegar es a la conciencia de que uno no es más que un portador efímero del testimonio de su contemporaneidad.

Hablo desde mi tiempo y espacio; y desde ahí, sentada en ese minúsculo punto de la historia, me atrevo a decir que lo bello es lo que mis sentidos reconocen como real –aún cuando esto no sea más que un hecho repentino, fortuito y muy posiblemente efímero– y que provocan un sentimiento positivo, agradable y trascendente. ¿De qué manera puedo explicarme la belleza si no es a través de aquello que me provoca una reacción emotiva profunda, sublime o placentera? ¿Hay diferencia entre la belleza de las cosas y la idea de belleza como una categoría del conocimiento sensible?. Lo cierto en esto es que es imposible imaginar una emoción (y más aún describirla) sin incurrir en contradicciones. El sentir estético nunca se revela como una manifestación idéntica en todos y cada uno de nosotros, ni siquiera es igual en todos los momentos. Se muestra igualmente diverso, de acuerdo a culturas, individuos, historias y experiencias personales.

Helios Buira, un joven escritor de origen argentino, escribió un ensayo sobre la belleza donde argumenta que “lo bello está fuera de lo estético”. En principio, me pareció que esto contradice las enseñanzas tradicionales de algunas teorías básicas de la estética. Sin embargo, en la actualidad la estética es considerada como una disciplina autónoma que “especula”, entre otros problemas, sobre el fenómeno del arte, considerando el proceso creativo que lo produce y las características del objeto producido. Y entrecomillo el término “especula” porque no dejará de ser un proceso altamente subjetivo pero que ya no sólo se ocupa del sentimiento sensible de lo bello, sino que estudia el proceso creativo completo, como un acto de conocimiento. La estética, ciertamente se ocupa de estudiar la belleza, pero como uno más de los valores sensibles.

Kant reconoce que lo Bello es un valor que, al lado de lo Verdadero y lo Bueno, constituyen los valores fundamentales de la actividad humana y que el deleite producido por la belleza es el único verdaderamente desinteresado y libre. Pero… ¿habrá alguien que pueda considerar que sus actividades están realmente fundamentadas en la belleza, la verdad y la bondad?… casi a manera de confesión podría declarar que yo no. Y si fuera así, ¿quiere decir entonces que, la depravación, lo escandaloso, la perversión, lo feo, lo malo, lo inmoral y otros tantos, no son una parte esencial de esta actividad? Ciertamente, resulta un tanto aterrador responder que sí; recordemos las enseñanzas del Marqués de Sade quien, llegó al extremo de considerar que la sensibilidad humana se excita y activa más y naturalmente por la maldad.

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Marino Marini

Pistoia, 1901 - Viareggio, 1980

Escultor, pintor y artista gráfico italiano, Marino Marini es una de las figuras clave del arte contemporáneo. Su obra sintetiza con maestría lo arcaico con lo poético del renacimiento, de la antigüedad clásica y de la Edad Media, ocupando su temática tres temas fundamentalmente: caballo, jinete y figura femenina.

Se forma en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Aunque nunca abandonó la pintura, Marini de dedicó principalmente a la escultura a partir de 1922. En esta época su obra se ve influenciada por el arte etrusco de Martín, al cual Marini sucedió como profesor en la Scuola d’Arte di Villa Reale en Monza, cerca de Milán, en 1929, un puesto que ocupó hasta 1940. Durante este periodo, viajó frecuentemente a París, donde entró en contacto con Massimo Campigli, Giorgio de Chirico, Alberto Magnelli, y Filippo Tibertelli de Pisis, que formaban el Grupo Novecento.

Su obra sintetiza con maestría lo arcaico con lo poético del renacimiento, de la antigüedad clásica y de la Edad Media, ocupando su temática tres temas fundamentalmente: caballo, jinete y figura femenina.

Se han realizado retrospectivas de Marini en la Kunsthaus Zilrich en 1961 y en el Palazzo Venezia en Roma en 1966. Sus pinturas se expusieron por primera vez en Toninelli Arte Moderna en Milan en 1963-64. En 1973 se abrió una instalación permanente de su obra en la Galería d’Arte Moderna en Milan, y en 1978 se presentó una exposición de Marini en el National Museum of Modern Art en Tokyo.

Entre otros, su obra se encuentra en los siguientes MUSEOS y COLECCIONES:

- Guggenheim Museum
- Marino Marini Museum, Florencia
- Palazzo Montecitorio, Roma
- Peggy Guggenheim Collection, Venecia
- Art Gallery of New South Wales, Sydney, Australia 
- Birmingham Museum of Art, Alabama
- Fine Arts Museums of San Francisco
- Kunstmuseum Basel, Suiza
- Museo di Arte Moderna e Contemporanea, Trento
- Museos de Florencia
- Nassau County Museum of Art, Nueva York
- Norton Simon Museum, Pasadena, California
- San Diego Museum of Art
- Tate Gallery, Londres
- Tehran Museum of Contemporary Art, Iran
- Wright Museum of Art at Beloit College, W

Julio González

No se puede crear arte importante por medio de círculos y cuadrados perfectos hechos con regla y compás (…). Las obras realmente nuevas (… ) son simplemente las que se inspiran directamente en la Naturaleza y se hacen con amor y sinceridad”.

 Julio González

Art is Arp

Los Museés de la Ville de Strasbourg presentan una gran retrospectiva sobre el maestro francés

Desde el 17 de octubre de 2008 hasta el 15 de febrero de 2009, en los Musées de la Ville de Strasbourg

Comisaria: Isabelle Ewig

Obras: 180

 

Los Museos Nacionales de Estrasburgo celebran por todo lo alto su décimo aniversario, inaugurando la muestra más exhaustiva sobre Jean Arp (Estrasburgo, 1886 – Basilea, 1966) celebrada en Francia durante los últimos 20 años. Se trata de una detallada retrospectiva, abierta hasta el próximo 15 de febrero, en la que se repasan las diversas facetas de uno de los creadores más polifacéticos del s. XX, cuya aportación ha sido indispensable para movimientos artísticos de lo más diversos. A través de un total de 180 piezas, la exposición se divide en 14 apartados en los que podremos descubrir la cara poética de Arp, sus trabajos escultóricos, collages, dibujos y escritos sobre arte.

El título de la muestra, “Art is Arp”, es en sí mismo un resumen y una declaración de intenciones de lo que con ella prentende mostrarnos su comisaria, Isabelle Ewig. Se trata del extracto de una conversación con Marcel Duchamp, en la que le preguntaron sobre qué era el arte para Arp, a lo que contestó “el arte es Arp”. Además de una aliteración y un bonito juego de palabras, esta frase sirve para elaborar todo el discurso expositivo de esta muestra, en la que descubriremos el porqué de esta sentencia de Duchamp. Y es que si existe un artista del s. XX que haya formado parte intensamente de movimientos artísticos de apariencia extremadamente opuesta -como el dadaísmo, del que fue co-fundador; el expresionismo, junto a creadores como Kandinsky o Macke; el surrealismo; o el constructivismo, para cuyos artistas su obra constituyó todo un punto de partida- ese es Jean Arp. En su obra podemos descubrir una historia velada del desarrollo de las vanguardias del s. XX, mientras paradójicamente observamos que su trabajo no pertenece plenamente a ninguna de ellas. Participa de todo y de nada. Conserva un lenguaje personalísimo, una forma de hacer muy propia -basada en el avance del arte y en la ruptura con todo lo anterior- que, sin duda, nos remite a las palabras de Duchamp.

Arp comienza su formación artística en el París de 1900, donde se matricula en la Escuela de Artes y Oficios. Apasionado por la literatura de los románticos alemanes, también cultiva su talento poético, publicando en 1903 su primer libro. Continúa su formación en Weimar, en la academia de Henry van de Velde, gracias a quien realiza su primera exposición en París; nada menos que junto a Matisse, Signac y Van Dongen. A partir de 1910 comienza a entrar en contacto con los anteriormente citados grupos de vanguardia y conoce, también en esta época, a la que sería su compañera sentimental y artística, Sophie Taeuber. Teniendo en cuenta su veloz desarrollo artístico y su rápido viraje entre unas y otras tendencias creativas, esta exposición no se ha planteado como un recorrido cronológico, sino más bien como un análisis de aquellas cuestiones que afectan al proceso creativo de Arp; tales como el modo en que nace y se materializa una idea, teniendo en cuenta la incesante necesidad por producir del artista, o los materiales que utiliza para romper con la tradición. Se profundiza también en cuestiones como el automatismo artístico y el movimiento ingenuo y no meditado, sobre la improvisación y el azar en la creación artística -cuestiones especialmente presentes en toda su producción- así como acerca de la autoría de las obras (Arp aboga por la creación anónima) o sobre la importancia del óvalo en su trabajo. Todas estas cuestiones, y algunas más, se revisan gracias una selección de piezas de todo tipo -poesía, collage, escultura, pintura…- procedentes de importantes instituciones de todo el mundo.

En http://www.masdearte.com/item_exposiciones.cfm?noticiaid=11816&origen=boletin