Apartes del capítulo RODIN, LOS ESCULTORES Y LA ESCULTURA del libro La Escultura y Rodin
, de Antoine Bourdelle su antidiscipulo amigo y colega.
Rodin se preocupa tan poco de los temas que representan sus esculturas o sus dibujos que acepta casi todos los títulos o todos los bautismos que el primero que pasa da a sus obras.
Su único tema, eterno, es siempre la belleza, sin más ni menos, y allí está la batalla encarnizada del artista, al incluir en la materia un pensamiento tiránico de lo bello, sólo con los medios técnicos de su arte.
“La Edad de Bronce“ de Rodin tuvo varios nombres, representó sucesivamente varios actos humanos sin que Rodin se preocupara demasiado. El “San Juan“ del Museo de Luxemburgo es solamente una primera parte de la obra. La parte más bella, superior en dimensiones y belleza, fue expuesta entera únicamente en 1907 y se llamó entonces “El Hombre que camina”. No sé si la estatua caminaba ( y esto a Rodin, burlonamente superior, no le importaba en absoluto) pero lo más importante es que su ciencia de escultor, desde el “San Juan”, caminó enormemente.
En todos los museos del mundo se pueden admirar muchas obras de arte, cuya historia ya no se conoce. Algunas a las que no se les puede dar nombre, fragmentos de cuerpos muy mutilados que pertenecían a las más altas etapas del espíritu humano y al libro más sagrado donde sólo algunos privilegiados pueden leer.
Qué triste es pensar que todavía hay hombres que buscan el gesto de la Milo, y que, en vez de adorarla simplemente como es-si fueran capaces de verla-quieren a toda costa saber cuál era la acción de la estatua.
¡Cuántos, entre el inmenso rebaño de hombres, cuántos pasan su tiempo delante de las obras para descubrir esas estupideces! Lamentablemente, sólo pueden hablar de esas obras si realizan una acción o tienen una expresión bien determinada: tal estatua corre, tal otra baila, tal otra piensa y ya está.
Si esas obras, todas con movimientos que precisan bien su acción, son obras de arte, cuando más tarde se rompan y sus trozos se dispersen, ¿que dirán de esos trozos, los que no supieron hablar más que del acto o el sentimiento representado por el conjunto de cada una de esas obras?
Allí es, sin embargo, cuando el verdadero conocimiento comienza. Y para el iniciado, para el que su alma entera sucumbe de adoración ante la belleza pura, la obra maestra existe siempre en cada fragmento, siempre está entera.
¿Comprendes, mi querido lector, comprendes bien ahora por qué todos los años, todos los días, gente inepta consagra como grandes artistas a personas que no sienten ninguna necesidad de aprender a bailar? Y que no son ni pintores, ni escultores, ni nada, absolutamente nada.
Pero ahí están esas nulidades, o hacen imitaciones, que engañan a los ignorantes o bien pintan o esculpen dramas, sentimentalismos. Sobre eso siempre se puede hacer literatura, ¡Y viva el éxito ! En todo esto no hay otro arte que el del azar…
… El artista siempre está equivocado cuando olvida que su verdadero drama es puramente la ciencia de su arte. …
… En toda obra, sea o no de Rodin, no quiero buscar sino la calidad, así como la cantidad pura de arte. …
… la obra de un hombre no vive si no contiene el principio impersonal de belleza - principio general - , el más verdaderamente vivo de todo, que hace al arte eterno…
Lo que quiero señalar con más energía es el peligro de naufragio de toda rara manifestación de belleza en este océano de producciones tempranas, que no tienen sino sombra de apariencia de arte.
Veo todos los días a hombres ubicarse en buenos lugares con respecto a la opinión pública: su obra aparece bella ante la multitud completamente ignorante de arte.
! Nunca había sido tan ignorante la multitud, la masa anónima, y sin embargo!
Se les muestra obras espontáneas, el genio espontáneo. “¡Ah!” Que lindo esto! “,
Nunca se había oído habar de un escultor. De repente, él expone. Y ya está, un gran hombre ha nacido. Del gran hombre se dice todavía más: un gran escultor ha nacido, allí, así, pero sí, ¡Como un rayo! está bien fresco, está nuevo, háblenme de su arte, al menos, ¡él, allí, lo hizo rápido! ¡Que lo eleven viviente sobre un pedestal de latas doradas!
¡Lamentablemente ! Si esto no fuera inútil tendríamos que reírnos un poco. Pero continúo con mi estudio.
Para saber un poco es necesario mirar todo. Pero es necesario mirar todo largamente, muy largamente, y después analizar, y más aún, interpretar. Y he aquí que la causa es opuesta a los éxitos rápidos. Un hombre bien dotado, con facilidad, memoria, destreza, que está de moda o es comercialmente apto, caído en gracia, se aproxima al arte.
Escucha mucho, mira todavía más, retiene un poco de todo lo que se prepara. Husmea y busca adonde va el viento. Lo vemos tomando un estilo por aquí, una actitud por allá, y acomodándose a las tendencias llamadas nuevas. Hace un picadillo de todo esto, bien mezclado y la partida está jugada ( ! hasta hay arte Nuevo !). Se parece un poco a todo, porque no hay nada, pero ¿quien se puede dar cuenta, aparte de algunos solitarios que estorban desde el fondo de su guarida? Los magos vociferan la gloria, la multitud los sigue.
¿Qué pasó? Simplemente esto. En lugar de penar largamente, en vez de lastimarse los labios, las manos, el corazón, a los pies de la Isis velada, en el umbral de los misterios de lo que será el modelo inmutable, en el umbral de la naturaleza, en vez de intentar penetrarla, esforzándose en penetrarse a sí mismo, este favorito del pueblo tomó un atajo, huyó del combate divino. Pero viendo los fuegos creados, mantenidos por los mayores, él se arrastró en la noche y se robó algunas cenizas y un poco de humo. Y esto es el éxito.
Dejémoslo pues a todos los que aman llenarse de viento.
Voy hacer más preciso. Los grandes corazones aprenden el arte de la escultura al cabo de un largo camino. Hay espíritus precoces. Hay espíritus largamente progresivos. Hay excepciones, almas forjadas de un solo bloque, altivas, audaces y que elevadas enseguida se buscan sin embargo durante toda su vida y están desiertas de éxitos, incluso tardíos.
Todos, todos reciben, por cortos instantes, influencias más o menos fuertes. Entre los grandes, estas influencias que aceptadas, buscadas, son las pruebas padecidas en todos los tiempos, con todos los misterios para ser iniciados. Estas grandes influencias se fundirán en la nueva personalidad del que quiere y puede conocerse, del que siempre, a lo largo del camino, forjará sin cesar su razón y su corazón.
Todo lo que aprendieron de los otros, caído en su profunda alma, se transformará y, cuando ellos den a los hombres a su vez, ya sea su canto o su templo o su ley, su obra siempre será una sorpresa, una conmoción para todas las multitudes, porque esta obra tendrá un fuerte sabor individual, revistiendo por lo pronto la ley superior de la impersonalidad de lo eternamente bello.
No solamente esas obras son muy poco frecuentes, sino, además, la masa no llega a comprenderlas casi siempre, lamentablemente, hasta mucho después de la muerte del obrero.
Pero vé, lector a los salones anuales, recorre las exposiciones particulares, todos los lugares donde están los trabajos contemporáneos, buscan bien la obra de rara belleza, la obra austera y como silenciosa, y reconocerás su escasez.
…La palabra o el libro privados del apoyo de la experimentación técnica no pueden gestar escultores. Es necesario el taller, son necesarios los ensayos numerosos. Los errores bien reconocidos despejan el camino de la verdad. Y si la vida del hombre es de corta duración, el arte absoluto está siempre más lejano y es más cambiante a medida que avanza.
No hay que desesperar. ! Dichosos los que combaten por la belleza! Sus días están bendecidos, todos los males pasan lejos de su puerta, no hay para ellos ni tiempo, ni males, ni pobreza, Tienen el alma fortalecida, sienten vivir en ellos todo un infinito, tienen como un presentimiento de eternidad.
Inútil es gritar, dar ánimo a los principiantes, El héroe se reconoce muy joven, se mide aun siendo niño, se exalta y se da coraje solo. Mi meta es solamente preparar aquí, para los buenos combatientes, algunas armaduras fáciles de distinguir.
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