La región de la escultura

A continuación les transcribo un texto de Wilhelm Waetzoldt en su libro TU Y EL ARTE, Introducción a la contemplación artística y a la historia del arte. Esta obra, es el mismo arte con sus diversos impulsos: creadores, imitativos, dominadores mágicos de las fuerzas naturales,interpretativos de la vida en los limites del deseo y con su inherente amor a la belleza. Pretende despertar y fomentar el amor al arte.

LA REGIÓN DE LA ESCULTURA

El público, atendiendo a su experiencia, penetra en las salas de la escultura de las exposiciones de arte, con cierto temor. Se siente inseguro frente a esta forma del arte. El visitante cobra aliento cuando viene a dar en un busto y ha de discutir el problema del parecido. Le ilumina interiormente el contenido poético de una figura simbólica, halla placer en la fidelidad al natural de figuras de animales; pero el hombre sencillo se encuentra sumido en un mar de confusiones ante las figuras de hombres desnudos, que no “ dicen nada “, que simplemente están allí.

Es cosa sabida que el cuerpo humano –desde que existe la escultura—constituye el eterno problema del escultor; pero ¿ qué es lo que atormenta al artista desde siglos? ¿Dar la forma exacta de un cuerpo humano? Ello querría decir hacer moldes del natural como finalidad. ¿ Es acaso la belleza humana exclusivamente? A quien quisiese contestar afirmativamente esta pregunta, seríale necesario rechazar de los museos, o retirar de las puertas de las catedrales, a todo un mundo de grandes obras. Una ojeada a la historia de la escultura conduce quizá más cerca de la cuestión central. He aquí imágenes de los dioses del antiguo Egipto, en su dureza cúbico-cristalina y su ritmo obediente a una ley; he aquí las imágenes del gótico o del barroco en sus actitudes espiritualizadas y como flotantes; he aquí las obras maestras de la escultura griega donde aparecen en armónico equilibrio el reposo y el movimiento, la necesidad y la libertad : siempre es el cuerpo humano el campo donde las expresiones alternan y se combinan; son los cuerpos la escena de fuerzas cambiantes.

La escultura es el arte en que algo < se transmuta en un cuerpo >. Del cuerpo proviene, cuerpos es lo que ella forma y se aplica a descubrir el sentido del cuerpo humano. Con ello hemos tocado quizá la ley vital de la escultura. El escultor ( y con esta palabra entendemos no solamente el que trabaja con la piedra , sino aun el que modela para fundir en bronce ) trabaja con lo palpable, con cosas sólidas y densas. Nada tiene que hacer con la apariencia, con lo inalcanzable, que es el dominio de la pintura. Por diferentes que sean los estilos escultóricos de que nos habla la historia del Arte, todas las obras escultóricas coinciden en una cosa: en su referencia a lo duro, central e irreductible de las cosas; en que su impresión de la vivo, aun a través de los intervalos espaciales, gira siempre en torno de la realidad central del cuerpo. El escultor puede dejar que los miembros de su estatua se muevan libremente en el espacio, puede separarlos en lo posible del tronco, pero para él no hay disjecta membra. Quizá lo que separa la escultura concentrada, a la manera de bloque de un miguel Angel, del mundo de estatuas como abiertas en el espacio de Giovanni da Bologna es sólo una diferencia de gradación en la relación del artista con el cuerpo; hay, por ejemplo, en ellas una diferencia en la masa incurvada. Miguel Angel tiende, por fuertes incurvaciones y por abultamiento del volumen del cuerpo ( miembros hinchados), a aproximarse lo más posible a la superficie esférica. Miguel Angel, con frase muy expresiva, ilustró su principio de la disposición concentrada que implica combatir toda dispersión, principio que guió el desarrollo de toda su obra plástica. Sólo son verdaderamente buenas, dijo, las estatuas que se pueden lanzar de una montaña abajo, sin que en la caída se rompa ninguna de sus partes esenciales. Todo lo que se hubiese roto, quedaba demostrado que era superfluo.

La escultura antigua de la época clásica envuelve en trayectorias cada vez más amplias y poco salientes el corazón del bloque, separa con agilidad y suavemente los brazos y las piernas del tronco. Entre los miembros proyectados en el espacio y el tronco se producen vacíos. La impresión de simple naturalidad, de reposo, de libertad, de gracia, que la escultura griega determina en nosotros, está íntimamente relacionada con esta forma de composición, en tanto que l estilo escultórico con que trata Miguel Angel los cuerpos, despierta sensaciones de sujeción atormentada, de lucha afanosa, pero también de fuerza comprimida.

En la idea que los cuerpos determinan el sino de la escultura, se ha motejado donosamente el estilo románico como estilo de la carne; el gótico, de los huesos; el primero como estilo de figuras yacentes, el segundo de figuras erectas; éste como estilo de contornos, aquel como de masas.

Si se examina la acumulación total de temas plásticos que los siglos han ido reuniendo, queda patente, que tanta abundancia puede reducirse a un pequeño número de temas plásticos fundamentales: la figura de pie, sentada o echada.

Si la misión del escultor es la formación de formas corporales, por otra parte, la comprensión de las obras escultóricas se desarrolla de la colaboración del sentimiento con la corporalidad creada por el artista y de la simpatía hacia ella. Cuanto más se atiene el escultor a lo palpable , tanto más “comprensible “ es su obra. Nuestro cuerpo contiene todas las vivencias y con ellas las respuestas a la pregunta de la cual partimos. ¿ Qué se proponen propiamente los Escultores? La sensación del propio desarrollo, del concentrarse en uno mismo, del mecerse y doblegarse, del extender el propio cuerpo, de bajarse, de sentirse liviano o pesado, un aumento y disminución, un avanzar y retroceder, sensaciones de tacto y de movimiento de toda suerte y toda intensidad, he ahí el acervo de sensaciones corporales del cual surge la comprensión de la obra escultórica.

El que contemplando una estatua sigue interiormente los movimientos que el cincel del escultor ha señalado previamente ; el que sin querer imita la actitud de una estatua o la resigue en su pensamiento; el que siente en los dedos la comezón de tocar esta concavidad o aquel abultamiento, ése vive realmente una obra escultórica. Los que han podido, aunque haya sido un sola vez, modelar en barro o sacar una forma de la piedra , o tallar en el bloque de madera, ésos han llegado aún más cerca del misterio de la creación artística. Saben algo de la docilidad y de la resistencia del material, pueden aquilatar, por propia experiencia de artesanía, lo que quiso significar Plinio cuando llamó a Praxiteles < feliz en el mármol >.

El escultor da cuerpo. ¿ Da también alma? Sí, ciertamente; mediante el cuerpo que sus manos modelan, y sólo mediante él. Con ello el escultor puede tener la certeza de que lo corpóreo será reconocido como expresión de lo espiritual, porque en la vida cotidiana de los hombres los ademanes, la postura y la arquitectura del cuerpo son < comprendidos > de manera inmediata . En todos los grandes momentos del arte plástico los hombres se han percatado del milagro de una corporeidad espiritualizada.

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