Un buen fragmento del libro”TU Y EL ARTE” de Wilhelm Waetzoldt para tener en cuenta:
Los concursos de artistas, como procedimiento para seleccionar los mejores, fueron muy estimados en el Renacimiento. A una lucha de esta índole debemos el poder comparar todavía dos de las obras que tomaron parte en el concurso, tal como lo hicieron los jueces de éste en Florencia, en el primer decenio del siglo XV. Y aunque hoy se sabe de antemano cuál fue la sentencia, nuestro juicio artístico siéntese movido a decidir si se adhiere al voto de los jueces, o lo rechaza.
Andrea Pisano había creado para el portal Sur del Baptisterio de Florencia aquellas puerta de bronce, tan magníficamente severas, pero tan profusamente abundantes de vida. Entonces se trataba de encajar en el marco de mármol del portal Norte, dos hojas de puerta tan valiosas, por lo menos, como los 28 recuadros en los cuales Andrea Pisano había relatado en el idioma de la escultura la historia de San Juan Bautista. La corporación Florentina de los tejedores de paños, que fue la que hizo la fundación para aquellas puertas, solicitó de los más famosos y experimentados escultores, fundidores y orfebres, que tomasen parte en el concurso. Jacoppo de la Quercia, Ghiberti y Brunelleschi se contaban entre ellos. Un feliz azar a conservado las tablas con relieves de Ghiberti y Brunelleschi. Las condiciones del concurso eran severas y, de antemano, ponían una cadena al artista, tanto en el tema como en la forma. Señalábase como asunto el Sacrificio de Isaac. En la elección de este asunto desempeño menos papel su contenido ético – el rescate de la víctima humana por la víctima animal – que el interés artístico, ya que justamente la escena del Sacrificio de Isaac ofrecía al artista un cúmulo de posibilidades : hombres y animales, una aparición celeste, paisaje, movimiento de los cuerpos y expresión espiritual, reposo y animación, in plano superior y otro inferior, un plano anterior y otro posterior. Para que consonase con la puerta de Andrea Pisano, fué fijado el marco de los recuadros en la forma intrincada de un cuadrifolio gótico formado por un rombo vertical con cuatro semicírculos en los lados. Como técnica se señaló la del bronce fundido.
Todo esto significaba ventaja para Ghiberti, que era orfebre, y desventaja para Brunelleschi, que era escultor y arquitecto. Ghiberti consiguió obtener el relieve de bronce en una sola fusión, mientras que Brunelleschi le fue preciso fundirlas figuras por separado u sujetarlas después sobre la chapa de metal. La historia del Sacrificio de Isaac contiene una escena principal y otra secundaria ; ambas han de estar claramente separadas. Ghiberti encontró la solución formal, para este problema de contenido, en una faja de rocas que atraviesa diagonalmente y en forma de S invertida la superficie encuadrada, mientras que Brunelleschi sitúa la línea divisoria horizontalmente, en la mitad. Lo que está situado encima aparece como en un primer plano ; lo que está debajo, como en un plano posterior. Como Brunelleschi no quiso disminuir las figuras según la perspectiva, todo ello aparece como si el asno y los sirvientes se agachasen bajo el tablado de un escenario en el cual se representa la escena del sacrificio.
Ghiberti, con su ordenación diagonal, pudo resolverlo mejor. Convirtió el plano anterior y el posterior en derecha e izquierda, y los dos asuntos quedaron uno junto a otro en el fondo del relieve.
Hasta aquí todo parece, en el concurso, favorecer a Ghiberti decisivamente. No obstante, en lo espiritual le aventaja Brunelleschi. Indudablemente están de su parte una gravedad más elevada de concepción y mayor proximidad a la vida. Con un sentido de la belleza extremadamente sensible, Ghhiberti evita todo exceso en la expresión de los sentimientos y en las actitudes. El cuchillo en la mano de Abraham parece vacilar en su ruta hacia el cuello de la víctima ; la angustia del momento y su trágica agudización sólo parecen existir en la mirada de Isaac. El propio mensajero del Cielo no llega a tocar al padre. El llamamiento que atraviesa los espacios : “ ¡ Abraham, Abraham ! “ , es suficiente. Y ahora : Brunelleschi. Su fantasía concibe aquella historia de modo muy distinto que Ghiberti. Aquí se trata realmente de un sacrificio humano. Brunelleschi sitúa la acción un minuto después que Ghiberti. Abraham agarra con su izquierda a la víctima por el cuello. Levantándole la mandíbula para dejar expedita la garganta al golpe del cuchillo, que ya casi roza la piel. Vedlo pues : en el último instante se precipita del Cielo el Angel como un halcón y retiene el brazo derecho de Abraham. La acción, no las palabras, decide el destino del momento.
El tema y la forma del marco son los mismos aquí que allá ; pero en la disposición de la escena, ¡ qué diferencia de temperamentos artísticos y de las respectivas concepciones de la esencia del arte plástico ¡ Lo que refieren las escenas secundarias viene dominado por lo que relatan las principales. Ghiberti sitúa los dos muchachos jugueteando sobre el asno : un cuadro de género junto a una acción dramática . Brunelleschi tuvo la sensación que había que acrecentar, con un contraste inmediato, la turbación y el horror de la escena del sacrificio. El día es bochornoso, el camino se abre entre abrojos y peñascales.
Los hombres y las bestias van agotados, sedientos. El asno bebe ; un sirviente recoge agua ; otro se saca una espina de la planta del pie. Aquellas gentes sólo conocen las fatigas y necesidades inmediatas de sus pobres vidas serviles y no presienten la lucha que agita el alma de su señor, ni ven nada de la interferencia de una fuerza ultraterrena.
Ambas obras de arte muestran reminiscencias de la escultura clásica. El Isaac de Ghiberti hace pensar en la gracia de efebo y en la identidad del Idolito ; el jovencito agachado de Brunelleschi viene a ser una versión toscaza del antiguo “ muchacho sacándose una espina “. ¿ Quien ganó, pues , la competición ¿ Los jueces del concurso estuvieron ante ambas plaquetas en la misma situación embarazosa en que se encuentra el moderno observador : no puede comprobarse acierto en una parte y fracaso en la otra. Nos encontramos frente a os obras de igual mérito, pero de tesitura espiritual distinta. La solución que parecía más acertada era le de encomendar la obra a los dos, a Ghiberti y a Brunelleschi. Brunelleschi rechazó tal comunidad de trabajo ; su instinto le señalaba las grandes tareas de la construcción arquitectónica. Con ello dejó el campo a Ghiberti y expedito el camino para un nuevo estilo plástico.
Tenho interesse em concursos que envolvem escultura…