por ANA MARÍA PRECKLER
Toda obra de arte, todo arte, induce o debería inducir a la reflexión a plantearse cuestiones decisivas. ¿Es posible aplicar la Razón Vital orteguiana al arte? ¿Y más concretamente al arte de nuestros días? Si el arte es un reflejo de la vida, si el arte resulta una interpretación de la realidad,y si la Razón Vital es la unión de la razón y la Vida humana, siendo ésta la realidad radical personal o colectiva —Razon Vital y Razón Históricas respectivas—, la Razón Vital de Ortega puede y debe ir unida al arte. Como en toda vida, en el arte existe un presente, un pasado y un futuro. El presente abarca el momento de la creación, plasmación y exposición inmediata. El pasado consiste en la historia del arte. El futuro es la visión artística larga y duradera,proyectiva, potencial. El presente artístico sería el pensamiento, la idea, la inspiración, la imaginación y la consecución de la obra en un tiempo actual inmediato. ¿Y la vida? La vida resulta inseparable del arte.
Arte y vida son indisolubles, forman una unidad. Así la vida es arte y el arte es vida. Y al igual que la vida humana, en el concepto orteguiano, nos es dada pero hay que hacerla y elegirla en un contexto de incertidumbre y riesgo, la vida artística es azarosa, insegura, inacabada, hay que hacerla,imaginarla y proyectarla constantemente. La creación es un acto continuo e infinito que nunca se acaba, que siempre está haciéndose, que genera en sí mismo más y más creación. El artista es la cabeza pensante, creadora. La vocación, el estudio, la capacidad, el virtuosismo, las dotes, la creatividad, son el vehículo vital que ejecuta la idea creadora. La obra de arte es la concreción final, la potencia convertida en acto. ¿Arte como reflejo de la realidad radical de la vida humana? Arte como parte de la realidad radical, en tanto que el arte es vida y la vida es la realidad radical. Arte como un posible modo de la Razón Vital orteguiana. Arte, razón y vida unidos otorgando los mejores y más excelsos frutos.
Lo que significa que el arte es, o debería ser, personal, social, libre, verdadero, auténtico, reflejo de la realidad patente y latente, trascendente, sacro, espiritual, evocador, sugerente, innovador, emocionante, lírico, con fealdad (en la interpretación del aspecto dionisiaco de la vida), con hermosura (en el logro del ideal apolíneo de belleza). Un arte, en suma, radical, comprometido, que parta de la realidad radical del artista, de su más hondo impulso, de su verdad más pura, de su inspiración más propia, y se conforme en Razón Vital artística y con el tiempo en Razón Historico-artística.
Arte y Razón Vital unidas. Pero para ello el arte debe ser arte-arte, y abandonar la extravagancia, la zafiedad, la vulgaridad, la banalidad, lo repulsivo, la violencia, la inconsistencia y la búsqueda de la originalidad a cualquier precio (conceptos que han invadido el arte de nuestros días desde hace demasiado tiempo y que suponen algo a superar y regenerar). Porque el arte como Razón Vital tendría que ser un arte de calidad, de excelencia, un arte superior, un arte esencial. Con esta perspectiva, como razón histórico-artística y como razón vital artística, se pueden apreciar, valorar o rechazar, bajo otro prisma, las obras de arte.
Apreciado Miguel Ángel,
Lo felicito por su trabajo. Quisiera contactarlo.
Cordialmente,
Jorge Restrepo