por ANA MARÍA PECKLER
Se suele olvidar con bastante frecuencia el papel benefactor del arte en el ser humano. La misión única que conlleva de interpretación de la vida y de la realidad, así como su fontanal capacidad de felicidad y belleza. Sumergidos muchas veces en la prisa y el agobio que envuelve el mundo de hoy, nos olvidamos que el arte es un valor superior y que por ello eleva al hombre por encima de los avatares, grandes y pequeños, que le rodean, permitiéndole recogerse en sí mismo, hallar sosiego, pensar, y disfrutar de ese destello divino que es la hermosura artística. Incluso el arte controvertido, aquel más ininteligible y difícil de aceptar por los sentidos, al esforzar la capacidad de comprensión del intelecto permite una reflexión o una lucha interior que siempre resulta positiva. El arte se ofrece en todo caso, y así deberíamos entenderlo, como un refugio al alcance de todos. En las salas de los museos, en las galerías o en la calle, el arte se encuentra cercano y accesible para que el hombre revitalice sus ansias más íntimas, sus anhelos más recónditos e infinitos.


Leyendo este segmento recordé algo que alguien dijo hace muchos años: El arte es eso que no sirve para nada, pero sin lo cual el hombre no puede vivir. Creo, igual, lo que dice Ana María Peckler: el arte es “un destello divino”.
Miguel Ángel, aunque no lo he leído, ví en la BBC el tema del fin de algunos oficios, e incluyen la escultura. Míralo, quizás te interese:
http://news8.thdo.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_4639000/4639492.stm