SONETO XXVII

por Miguel Angel buonarroti
Escrito alrededor de 1533. Para Cavalieri.

Hubiera creído, el primer día que
miré tanta belleza única y sola,
detener los ojos como águila al sol
en la menor de las tantas que anhelo.
Conocí después mi caída y mi error:
quien sin alas quiere a un ángel seguir,
siembra en piedras, esparce al viento
las palabras y con el intelecto busca a Dios.
Así es que, si cerca no soporta el corazón
la infinita beldad que deslumbra los ojos,
ni lejos me da calma o confianza,
?qué haré?, ?qué guía o escolta
podrá contigo valerme o ayudarme;
si al acercarme ardo y al partir me matas?

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