El hombre agustiniano/Costumbres funerarias

Las excavaciones realizadas en los cementerios de las Mesitas B y D, en el Potrero de Lavapatas, en Quinchana, El Batán, Alto de los ídolos y Filo de Lavaderos, demostraron la práctica de un desarrollado e intenso culto funerario entre los antiguos habitantes de San Agustín. Enterraban a sus muertos en tumbas cuya construcción variaba según la categoría social o jerarquía político-religiosa de los difuntos, desde el sepulcro revestido de grandes losas de piedra, el sarcófago monolítico, debajo de un montículo artificial hasta la simple fosa, de poca profundidad y de construcción sencilla. Los resultados de nuestras exploraciones indican que los cementerios se hicieron en acuerdo a un plan preconcebido, terraplenando primero el lugar, construyendo luego las tumbas y en algunos sitios levantando encima los túmulos o montículos artificiales. Algunas de estas sepulturas, reservadas seguramente a personajes de categoría, no alcanzaron a ser utilizadas, corno parece haber sido el caso de la Tumba número 20 de la Mesita B y de otras excavadas en esta zona arqueológica.
En las tumbas principales se colocaron, al lado de los cadáveres, ofrendas consistentes en cerámicas de variadas formas y decoraciones, tanto de uso doméstico como ceremoniales; lascas de obsidiana, elemento que parece haber tenido una significación especial en los ritos mortuorios; núcleos y astillas de piedra dura (basaltos y otras rocas), empleados como artefactos para distintos menesteres, desde el labrado de las esculturas hasta la fabricación de la cerámica; cuentas de collar, unas tubulares, de roca dura, muy pulimentadas; otras discoides, de piedra caliza; piedras y manos de moler, de distintos tipos, usados para la trituración del maíz, de la almendra del nogal, posiblemente del maní y de otros frutos alimenticios; objetos de orfebrería, como cuentas, colgantes, zarcillos, narigueras, etc. restos de carbón vegetal, a veces formando amontonamientos al lado de los restos óseos.
La totalidad de las fosas y aun varios de los sepulcros en ellas formados con grandes losas, y algunas de las bóvedas o cámaras laterales se rellenaron con tierra, en ciertos casos fuertemente apisonada, lo que favoreció notablemente la preservación de algunos de los restos óseos. En varias tumbas se emplearon grandes terrones de tierra virgen, hasta de 50 centímetros por 40 centímetros; en otras el relleno estuvo formado por tierras de distintas coloraciones, cuidadosamente separadas y dispuestas en capas superpuestas, práctica que ha sido registrada en otras regiones de Colombia, como el Quindio y el Sinú, y a la que se refirieron los escritores de la época de la Conquista. En la mayoría de las sepulturas, la tierra de relleno estaba revuelta con carbón, ceniza, fragmentos de cerámica, artefactos líticos, etc., elementos que no correspondían al ajuar funerario sino a basuras procedentes de sitios de habitación, utilizadas para tal efecto. En ciertos entierros, especialmente femeninos, se registró la colocación de piedras planas y alargadas sobre el cadáver.

En cuanto a la forma misma del enterramiento, pueden señalarse las siguientes posiciones:
a) Entierro en posición supina, tanto en sarcófagos monolíticos, en grandes sepulcros revestidos de piedras planas, como en simples fosas. Corresponde a éstos el hallazgo de las ofrendas funeraria más importantes, por lo cual se deduce que era el escogido para las personas de algún rango y la forma preferida en Mesitas Medio o período clásico de la cultura agustiniana.
b) Entierros flejados, de decúbito lateral derecho e izquierdo, algunos con Sólo una ligera flexión de las piernas, otros en cuclillas. Se encontró este tipo en pozos con pequeñas cámaras laterales y sin ellas, y aun en fosas revestidas de piedra, de planta rectangular, como en Quinchana.
c) Entierros en que el cadáver fue colocado verticalmente o parado, recostado contra la pared de pozos de planta semicircular, con los pies ligeramente soterrados, práctica observada en el Quindio y en varios yacimientos arqueológicos del Ecuador.
d) Entierros múltiples en una sola fosa, flejados, a veces uno encima de otro en forma de cruz. La disposición de los cadáveres no responde, pues, a un canon determinado. En lo que respecta a la forma y construcción de las tumbas, podemos señalar la siguiente tipología:
Mesita B.

Tipo A: Está formado por cámaras revestidas -de piedra, generalmente de planta rectangular, con divertículos laterales, algunas de las cuales alcanzan hasta más de 3 metros de anchura (Montículo Oriental de la Mesita A y Montículos Noroccidental y Sur de la Mesita B). Se ubican en el centro y partes mas eminentes de los túmulos o montículos, antecedidas por templetes o corredores funerarios.
Las losas de cubierta estaban apoyadas sobre la cabeza de algunas de las grandes estatuas que se encuentran y en muros laterales de lajas planas y alargadas.
Tipo B. Fosas de planta rectangular, revestidas de losas en las paredes, piso y cubierta, con un depósito fuera del sepulcro, destinado a fines rituales, y a veces con cámara lateral y nichos para la colocación de las ofrendas.
Tipo C. Fosas de planta rectangular, con piedras únicamente en la cubierta, apoyadas sobre la tierra y dispuestas transversalmente.
Tipo D. Fosas de planta semiovoidal, a veces con divertículo o depósito ritual, en las cuales el cadáver fue colocado en posición supina, en el centro cuñado con algunas piedras redondeadas en la cabeza y en los pies, y con las ofrendas en derredor.
Tipo E. Pozos de planta semicircular, con grandes o pequeñas bóvedas laterales en las que -se colocaron los cadáveres extendidos o fiejados, según el tamaño de aquellas.
Tipo F. Pozos de planta circular, sin bóveda lateral.
Mesita D.
Se registraron aquí los tipos C, D y especialmente el E, con bóvedas pequeñas, y el tipo G, consistente en fosas de planta semicuadrangular o semicircular, a veces con un divertículo pequeño, destinado a entierros de segunda fase en urnas funerarias.
El Batán. Tipos C, E y H, este último consistente en pozos con cámara lateral, con entrada clausurada con piedras grandes y planas, destinada a entierros de segunda fase en urnas funerarias.
Quinchana. Tipos B, el predominante, y G.
Transcurrido algún tiempo después de la inhumación, los restos óseos eran exhumados y colocados en grandes urnas funerarias o en pequeños cántaros cinerarios, las primeras de forma ovoidal y tapadas con asientos de vasijas del mismo tipo; los segundos globulares o cilíndricos. En el interior de estos cántaros se encuentran a veces fragmentos de cerámica, restos de carbón, astillas de piedra dura, lascas de obsidiana y otros elementos que debieron pertenecer a parte de ajuar funerario del primer entierro. No obstante la aparente diferencia que existe en la forma de las sepulturas y en la disposición de los cadáveres en los sitios explorados, no puede afirmarse que correspondan a distintas ocupaciones, pues en ellos se hallaron elementos básicos del Complejo Mesitas, elementos que los vinculan entre sí y que sólo permiten una clasificación en fases dentro del mismo desarrollo cultural. Entre estos elementos mencionamos los siguientes:
a) La cerámica funeraria: en sepulturas de todos los tipos descritos se hallaron vasijas de formas comunes, correspondientes a los tipos tradicionales, y que se inician en las fases más tempranas del desarrollo cultural.
b) Lascas de obsidiana, colocadas en algunos casos a la altura de las manos de los cadáveres.
c) Adornos de orfebrería, fabricados con las mismas técnicas y en ciertos casos con los mismos motivos ornitomorfos.
d) Cuentas de collar de piedra dura (andesita) tubulares, de color azul verdoso o verde opaco.
e) La práctica ceremonial del entierro simbólico del fuego, atestiguado por los amontonamientos de carbón al lado de los cadáveres.
f) Empleo de basuras de sitios de habitación para el relleno de las tumbas, entre las cuales se encuentran fragmentos de cerámica de la misma tipología de las vasijas que forman la ofrenda funeraria, especialmente una cerámica monocroma, sin asas, pintada de rojo, carmelita oscuro o lila claro, casi gris, con desgrasante de arena; pasta de color crema, casi blanca; pasta rojiza y negra, con decoración incisa, a veces rellenada con pigmentos blancos; incidencia manifiesta de una morfología característica de platos, copas de pie alto tubular y de recipiente con borde horizontal o inclinado hacia abajo; cuencos, pequeñas ollas globulares y vasijas de silueta compuesta, cuerpo inferior semiesférico y superior troncónico.
g) Manos de piedras de moler, en muchos casos partidas intencionalmente. Relleno de las tumbas formado por capas de tierra de distinta coloración, colocadas en forma superpuesta, etc.
h) Otro tanto puede afirmarse del entierro de segunda fase en urnas funerarias, y que investigadores como Pérez de Barradas (1943), consideran que debe atribuirse a una ocupación posterior, y de ninguna manera a la cultura agustiniana propiamente dicha. Pero, por el contrario, se cree, con base en los hallazgos hechos en las Mesitas A, B y D del Parque Arqueológico, en Quinchana y El Batán, que deben incluirse dentro del Complejo Funerario de Mesitas. Dicha práctica estuvo muy extendida entre los antiguos pobladores de San Agustín.
En los sitios de habitación excavados en el Potrero de Lavapatas, en donde se hallaron basurales y huellas de vivienda de planta circular, se registro la presencia de tumbas dentro del perímetro de las casas, delimitado aquí por los huecos de los antiguos maderos que formaban la estructura principal de las edificaciones.
La costumbre de enterrar a los muertos dentro de las casas de habitación, parece ser pues, muy antigua en -el territorio colombiano, y perduró hasta los tiempos históricos. Los cronistas de la Conquista se refieren a esta práctica entre numerosos grupos indígenas del siglo xvi, especialmente en el Occidente Colombiano, en particular en las regiones de los actuales departamentos de Antioquía y Caldas.
Teniendo en cuenta la costumbre observada por los nativos de abandonar la casa donde inhumaban a alguno de sus familiares, y suponiendo que ella se remonte a la época en que se juzga se registra este tipo de enterramiento en San Agustín, cabe pensar que tal práctica implicaba frecuentemente desplazamientos de un asiento a otro, explicándose así la gran extensión geográfica que abarcan las necrópolis en la zona y el poco espesor de las capas de depositamiento cultural en esta región, que sólo alcanza aquí de 50 a 80 centímetros.
La presencia de una serie de enterramientos femeninos al lado de una de las tumbas de la Mesita D, que por su construcción y por las características de las ofrendas parece que correspondía a un jefe, hace sospechar en la práctica del entierro vivo, que los cronistas señalan, lo mismo que el enterramiento dentro de las casas, como una costumbre muy extendida entre los nativos colombianos.
Los sarcófagos monolíticos en el interior de las construcciones que coronan los montículos, tal como se ha registrado en las Mesitas A y B del Parque Arqueológico, en el Alto de los ídolos, en Lavaderos y otros sitios de la zona, afianza cada vez mas nuestra creencia de que tales construcciones estaban consagradas por completo al culto de los antepasados y que no constituían lugares abiertos al culto cotidiano, sino que estaban completamente cubiertos con la tierra que formaban las colinas artificiales.
Cultura Megalítica de San Agustín - Huila
Editado por :Edgar René Pescador B

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