SONETO XXXVII

Por Miguel Ángel Buonarroti

Escrito entre 1534 y 1548. Para Cavalieri.
Quien el corazón me arde y roba, puede entenderse la persona amada, o el arte mismo.

De azufre el corazón, la carne de estopa,
con los huesos íntimamente leño;
con el alma sin guía y sin freno
pronta al deseo y a la mucha belleza;
con la ciega razón débil y coja
en las trampas y lazos de que el mundo es lleno;
no será maravilla en un relámpago
arder al primer fuego que se choca.
Al arte hermosa, que cada uno trae
del cielo consigo, y vence a la naturaleza,
si bien imprime en cada lugar su sello;
si a aquélla no nací sordo ni ciego,
proporcionado a quien el corazón me arde y roba,
culpa será del que me destinase al fuego

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