Frío en el arte

po Antonio Espinoza

El arte no ha escapado a la crisis moral de nuestro tiempo. Vivimos tiempos de deificación del objeto, una época en la que los grandes valores del arte (aquellos que creíamos eternos: el estilo, el medio, el virtuosismo técnico, etc.) se cuestionan abiertamente en todo el mundo. Se han roto las fronteras entre los diversos géneros artísticos y ya no hay delimitación entre el objeto artístico y el objeto cotidiano. Lo malo es que en la aldea global del arte predomina la banalidad, la intrascendencia, la ocurrencia.
Pareciera que la realidad atroz del mundo incapacita al artista a asumir alguna convicción ideológica o a suscribir algún tipo de causa, y lo obliga al cinismo, la simulación y la hipocresía. Para entender el arte contemporáneo globalizado hay que leer un libro clásico de la filosofía de la historia: La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler.

Un ejemplo de la vacuidad del arte globalizado es la exposición Piel fría. Arte contemporáneo en Guadalajara, abierta en el Museo Carrillo Gil y en la que participan 15 jóvenes artistas: José Dávila, Javier Dueñas, Arturo Gómez, Gonzalo Lebrija, Jorge Méndez, Lourdes Méndez, Rubén Méndez, Daniel Navarro, Fernando Palomar, Ernesto Ramírez, Cristián Silva, Agustín Solórzano, Luis Miguel Suro, José Luis Torres y Francisco Ugarte. Curada por el director del museo, Carlos Ashida, la muestra nos permite ver la obra (fotografías, murales, obras tridimensionales, videos) de chavos políticamente correctos y con la información suficiente para conocer los requerimientos del mainstream internacional. Son artistas tapatíos escépticos ante el mundo y cuyo único objetivo es regocijarse en la frivolidad.

Es inútil buscar en esta exposición alguna obra crítica acerca del mundo globalizado. Nadie dispara contra el capitalismo, nadie reflexiona sobre la situación del país, nadie se atreve a cuestionar el conservadurismo de la sociedad tapatía. Por supuesto que hay obras atractivas en la exposición: los icebergs de Jorge Méndez y los hombres-araña de Arturo Gómez gustan mucho a los niños. Sin embargo, la obra más significativa del conjunto es la de Lourdes Méndez: I change my mind (2000), seis pinturas colgadas y tapadas con plástico. Méndez es muy amable al invitarnos a cambiar nuestra forma de pensar, a liberarnos de prejuicios y enterrar para siempre a la pintura. Lo que uno se pregunta es qué nos ofrecen ella y sus paisanos para que la mudanza realmente valga la pena.

Cuando alguien le preguntó a Andy Warhol qué había detrás de sus cuadros, el gran profeta de la decadencia respondió: nada. Muchos artistas globalizados le han tomado la palabra y se regodean en la nada. Claro que hay artistas globalizados honestos, profesionales y talentosos. Pero este no es el caso de los jóvenes tapatíos que participan en Piel fría. A falta de talento, de capacidad para crear verdaderas obras de arte, ellos buscan la fama inmediata como los jóvenes de Big Brother, Operación Triunfo y La Academia. De esta manera exaltan la banalidad del mundo y revelan nuestra decadencia.

2 Responses to “Frío en el arte”


  1. 1 Poderoso caballero

    Ni siquiera en arte no es lo mismo frío que frivolidad.
    No me considero un entendido,pero me da que muchas veces se frivoliza demasiado.

  2. 2 Gregorio Luri

    Dalí fue el primero en ver que el arte contemporáneo se diluía en arte decorativo. Me imagino que la decoración y el diseño es hoy la vanguardia de la vanguardia. Quiero decir que tras siglo y medio de perseguir la vanguardia, la vanguardia se ha convertido en una fórmula. Y la trivialización de todo lo serio en fórmula es lo que hoy nos caracteriza… creo. Me gusta tu blog.

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