El abuso de la belleza.

La estética y el concepto del arte

por Arthur C. Danto. Editorial Paidós. España, 2005.

Hace un siglo, la belleza era considerada de forma unánime como meta suprema del arte y hasta como sinónimo de excelencia artística. Hoy, en cambio, algunos la contemplan como algo parecido a un delito estético. Rosendo Fraga comenta esta obra del gran crítico de arte y filósofo Arthur Danto donde explica en este libro cómo se gestó la revolución contra la belleza y cómo fue derrocada por la vanguardia moderna.

“El abuso de la Belleza. La estética y el concepto del arte”, es un libro de Arthur C. Danto, publicado en Chicago en 2003 y en la Argentina en 2005.
El autor es un filósofo del arte, que ha sido crítico durante casi medio siglo, habiendo conocido y vivido su evolución en las últimas décadas desde New York, que ha sido el centro principal de sus actividades.
Concretamente, analiza cómo la belleza que fue un atributo esencial del arte hasta comienzos del siglo XX, durante éste, fue rechazado como tal y excluido de las artes que llama “miméticas”, la pintura y la escultura.
Pero esta constatación empírica, para Danto tiene como punto de partida la llamada “Vanguardia Intratable”, cuando Roger Fry organizó en la Grafton Galery de Londres en 1910 y 1912 sus dos celebradas exposiciones de arte “post-impresionista”.
En ellas, el organizador sostuvo que lo feo en arte sería tal hasta que fuera visto como bello y ello lleva al autor a profundizar diversos aspectos sobre la filosofía del arte. Reconoce que este movimiento más allá de sus excesos, realizó una contribución decisiva al mostrar que podía haber arte sin belleza.
También reconoce que el arte religioso desde el origen del cristianismo, desechó en momentos la belleza, cuando por razones pedagógicas hizo de la pasión y la crucifixión, así como de los mártires, una característica importante de la expresión artística.
En el capítulo que dedica a la obra la “Caja Brillo” de Andy Warhol, que obtuvo un gran éxito en 1964 al presentar como obra de arte las cajas de un jabón de lavar, que tenía un colorido envase para atraer a los consumidores, se pregunta, qué hace que las cajas de Warhol fueran arte y las mismas apiladas en las estanterías de los supermercados con el mismo formato y color no lo fueran.


Agrega el dato, de que el diseñador de la caja para uso comercial, fue un olvidado pintor americano, James Harvey, que en esos años prometía mucho, pero que se veía obligado a ganarse la vida como diseñador comercial. Señala que hoy nadie recuerda al diseñador de la “Caja Brillo” y en cambio todos los que se interesan por el arte, tienen presente la obra de Warhol.
Danto, se remite continuamente a los análisis sobre filosofía del arte, de Kant y Hegel, mostrándose muy devoto de este último, en su capacidad de comprender la profundidad de la relación entre filosofía y arte y proyectando sus conceptos hasta nuestros días.
Pero tomando conceptos de este último, termina sosteniendo que es un determinado momento histórico el que permite que un objeto como la “Caja Brillo” sea arte.
En cuanto a estas determinadas circunstancias, dice que al comenzar el siglo XXI, así como en el pasado los Reyes eran los grandes mecenas que contribuían a determinar que era arte y que no lo era y después éstos fueron reemplazados por los millonarios coleccionistas, que al pagar altos precios para integrar sus colecciones determinaban el valor del arte, sostiene que ahora éstos han sido reemplazados por los “comisarios” organizadores de las muestras quienes han pasado a tener un lugar casi absoluto en lo que podemos considerar “canonización” del arte.
Explica como durante el siglo XX, se registró un fuerte movimiento artístico para utilizar el asco como reacción del público como forma de hacer arte y como también la ideología de corte social, buscó al arte como un instrumento para la crítica y la toma de conciencia, movimientos ambos que desecharon la belleza como característica esencial de lo artístico.
Desde una perspectiva cultural diferente como es la francesa, la opinión de otro especialista es crítica del arte como es el reconocido Clair -también historiador del arte y ensayista- a raíz de las profundas reflexiones que se han generado en el campo intelectual y cultural por los episodios de protesta violenta que protagonizaron miles de jóvenes musulmanes en los suburbios de Paris.
Viene propugnando desde hace ya tiempo, un “canon estético” que rompa el dominio que ejerce el llamado “arte contemporáneo”, como la única mirada válida al comenzar el siglo XXI.
En su opinión, el “feísmo” que es recurrir a los aspectos más truculentos de la condición humana, a la sangre y el dolor efectista, ha banalizado la experiencia artística hasta niveles que han hecho de los museos un depósito de obras de arte a la espera de ser fijadas en un catálogo de ventas, creándose una situación en la cual los artistas se parecen cada vez más a las figuras del espectáculo.
Clair ha sido muy criticado por sus opiniones e integra el grupo de intelectuales franceses que hoy son conocidos como “reacs” o “los nuevos reaccionarios”, ya que muchos de ellos fueron jóvenes que protestaban en el París de 1968.
Estos intelectuales, vienen criticando la situación de hoy por la pérdida de los valores de la cultura europea, el debilitamiento de los que impregnan el laicismo francés y cuestionan el “multiculturalismo”, por crear “ghettos” que impiden la verdadera integración y la democracia liberal.
Inauguró a fines de 2005, en la capital francesa “Melancolía” en el Grand Palais una exposición que se acaba de clausurar y que fue un gran éxito de público, de la cual fue el curador y la que constituyó una antología del arte realista, que intenta recuperar el concepto, el valor y la estética de la belleza para el arte, algo que también ha percibido Danto.
Entrevistado por Javier Gómez en París, sostiene que “el arte contemporáneo no sólo no provoca, sino que no tiene impacto sobre la gente. El público de estas exposiciones es un pequeño círculo de privilegiados y ricos funcionarios”, destacando como la exposición que organizó atrajo cinco mil personas por día, evidenciando la necesidad de la gente de que el arte exprese a la belleza, mientras que a las inauguraciones de las exposiciones de vanguardia asisten sólo unos cientos de personas.
Con dureza dice que “Quieren imponernos un arte que culpa a la gente de no entender nada”, agregando que “El sesenta por ciento del arte producido hoy es una arte de fecalidad, una apuesta por la estética estercolera. Podemos mostrar cuerpos en agonía o sangre por todos lados y no sorprender a nadie”.
Este tipo de afirmaciones, que constituyen un pensamiento provocador que genera debates y hoy es escuchado con atención, entra en conflicto con los intereses del mercado del arte, que sigue celebrando lo que Clair denomina el “feísmo”.
Como el modelo cultural francés se centra en el gasto público a cargo del estado -como el americano en los recursos privados- dice que “lo que más me molesta es que ese arte encuentre la bendición de los poderes públicos, que creen ganar una etiqueta de modernidad por mostrar en un lugar público una máquina de hacer mierda o fotos horrendas de cuerpos mutilados”.
Es así como si bien los modelos de política cultural americano y francés son opuestos en cuanto al rol del sector privado y el público, el fenómeno que denuncia Clair y analiza su colega de los EE.UU., muestra que se trata de una tendencia cultural universal. Que algunos críticos modernos hablen de una época “poscultural”, quizás apunte a defender esta ruptura entre el arte y la belleza.
Propone retornar a la armonía de la cultura clásica, “que permitió a la humanidad salir del estadio de la ignorancia para entrar en el de la cultura”. En su opinión, se llegó de lo humano a través de proporciones, normas y cánones que duran desde hace dos mil quinientos años, desde los griegos y ahora se “ha perdido la costumbre de comprender el arte, el contenido moral e intelectual de las obras”, agregando que “Esta pérdida de la noción histórica es catástrofe”.
Con dureza plantea que debería desaparecer en su país el Ministerio de Cultura y para su presupuesto al de educación, para así combatir la ignorancia que impide llegar al conocimiento del arte.
Afirma que la gente ya no se cultiva, que los alumnos no leen y que se vive una “catástrofe intelectual sin precedentes”, en la que el arte olvida su pasado “más por ignorancia que por amnesia”.
Menciona el libro de otra intelectual francesa considerada “reac” Thérese Delpech, “El asilvestramiento” que establece un paralelismo entre 1905 -cinco años antes del surgimiento de la “Vanguardia Intratable” en el arte que menciona Dando- y 2005, donde según esta autora se dan “todos los síntomas de la vuelta de la barbarie.
Para Clair, la cuestión está en que hoy en el mundo occidental no está quedando ningún valor por el que se pudiera dar la vida, con lo cual los valores han desaparecido a diferencia de lo sucedió en el pasado. Asume el pesimismo como virtud, porque ello permite la reacción frente a la catástrofe, porque “ser reaccionario hoy es una cualidad” y “el optimismo conduce a la estupidez y a la ceguera. Y, lo que es más grave, estimula la pereza”.
Cuestiona el concepto del arte internacional, argumentando que todos los pintores pertenecen a un cierto lugar, a una luz y a una determinada cultura, que no son intercambiables, dando como ejemplos la relación de Bonnard con el valle del Sena, de Morandi con Bolonia, de Picasso son España pero también con París, por lo cual afirma que el arte es más local que universal.
Cuestiona la tendencia de los museos modernos como la Tate Gallery de Londres, el Pompidou de París, donde las exposiciones -como la del “Big Bang” o el “Dada”- han abandonado la cronología histórica, diciendo que no se puede comprender el sentido de una obra sino se la inserta en una oportunidad y un contexto, diciendo que ahora “no se agrupan las obras por su época sino por su parecido”, lo que en su opinión es una “aberración”.
Piensa que su país (Francia) es una tierra elegida para encarnar la razón universal e ilustrar al resto del mundo, pero “que estos principios de universalidad han volado en pedazos” y la “la cultura, la lengua y la influencia del pensamiento francés cada vez son más débiles” pero quizás ello sea porque “ya no hay un pensamiento francés” y que el Estado que tanta importancia tiene para los franceses ha perdido su sentido.
Es sobre el funcionamiento del modelo cultural francés donde centra su crítica, planteando que si bien la subvención se justifica en industrias culturales costosas como el cine, la ópera o la televisión, considera en cambio la intervención en las artes plásticas como no justificada y “desastrosa”, porque son los funcionaros estatales lo que determinan que es bueno en el arte y en consecuencia influyen sobre los precios del mercado.
Así como para Dando los curadores son quienes determinan las artes plásticas, para Clair lo son los funcionarios oficiales.
Dando explica como en los últimos años, hay cierto movimiento que tiende a revalorizar la belleza en el arte, aunque no es algo definitivo ni mucho menos y el éxito de la exposición de la “Melancolía” de París sea un ejemplo de ello.
El autor americano, analiza también cómo en las artes plásticas, las “instalaciones” han ido reemplazando a los cuadros y las imágenes, en una búsqueda de la vida cotidiana, como expresión de la civilización moderna.
Quizás la visión de Danto, como la denuncia de Clair, puedan ser complementadas con la afirmación del escritor italiano Humberto Eco quien en un artículo reciente sostiene que el arte al abandonar la belleza en su expresión, hizo que ésta se vengara dominando la publicidad, la moda y otras expresiones de la vida cotidiana, invadiendo así campos que antes no dominaba y utilizando para ello la comunicación y el consumo de masas, dejando el arte para las élites.
En mi opinión, el brillante ensayo de este filósofo del arte, como las agudas y desesperadas denuncias de Clair, dejan fuera una variable central para explicar su evolución en la época contemporánea y su alejamiento de la belleza: el impacto que la ciencia y la tecnología han tenido sobre la expresión artística.
Es muy claro que el impresionismo comienza a surgir en la segunda mitad del siglo XX, cuando la fotografía en blanco y negro, deja sin sentido a la pintura que buscaba reproducir el detalle con exactitud.
El arte responde con el color y diluyendo la forma. Así responden no sólo los impresionistas franceses, sino un clásico pintor británico como Turner. A medida que la fotografía y el cine van avanzando y utilizando el color, la belleza empieza a ser abandonada por los artistas, por la sencilla razón de que no tienen como competir con ella. La figuración es la respuesta a estos avances en los medios visuales.
Más recientemente, la computación permite realizar composiciones de una belleza y luminosidad que un gran pintor en los siglos pasados no hubiera logrado. El arte respondió con las instalaciones, que todavía la pantalla de computadora no puede crear.
Un ejemplo de cómo se puede conciliar el adelanto científico-tecnológico con la belleza y el arte, lo da el artista francés Miguel Chevalier, quien con su exposición “supra-natura”, -uno de los pioneros del arte virtual y el arte numérico,- quien recrea con la computación flores y plantas, que proyectadas además de tener una gran belleza en forma y color, permiten reproducir el movimiento que sobre ellas genera el viento, que siempre es distinto e irrepetible. Esta muestra, expuesta en New York, Paris y Tokio entre otros lugares, fue presentada en Buenos Aires en septiembre, proyectándose las imágenes sobre la fachada de la sede de la Alianza Francesa en la Avenida Córdoba.
En mi opinión, el adelanto técnico en lo visual, daguerrotipo, fotografía, cine, color en ambos y la computación, han tenido un rol decisivo en que el arte desterrara la belleza, al no poder competir con ella.

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