SONETO XXXIX

Por Miguel Ángel Buonarroti

Escrito hacia 1535. Evidentemente, está inspirado por la muerte ( o ruptura ) de Febo di Poggio, uno de los muchachos — éste especialmente descarriado—a los que Miguel Ángel amó.
Poggio vale por montículo o colina. El segundo endecasílabo es, pues, meridiano: mentre che Febo el poggio tutto ardea.
Algunos comentaristas, con obvio absurdo, llegaron a decir que se trataba de un soneto de contenido politico, y que Febo era una alusión simbólica a Florencia.


Bien hubiera debido, con tan feliz suerte,
mientras que Febo la colina entera ardía,
izarme de la tierra, entonces que podia,
con sus plumas, y hacer dulce la muerte.
Ahora me ha desaparecido; y si el huir más leve
de los días alegres en vano prometía,
es buena razón que el alma ingrata y rea
cierre piedad las manos y el cielo las puertas.
Las plumas alas fueron y escalas la colina,
Febo candil al pie; no me era entonces
menor salvación morir que maravilla.
Pero muriendo o no, no sube al cielo el alma
ni aquella memoria repara al corazón:
pues tras del daño y tarde ?quien ayuda?

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