Por M. Mir
El arte de Bourdelle es un arte meditado. En muchos suscita admiración incondicional, pero a algunos dió motivo de reparos. Lo han calificado de gótico, románico, arcaico, egipcio, porque en el curso de su producción nunca intentó ocultar las fuentes donde se nutría su entusiasmo. Tuvo, desde luego, sus dudas y sus vacilaciones. Pero la noción del genio como producto espontáneo, habitado de certezas desde sus comienzos, pertenece a una época pretérita, al romanticismo. Y el escultor de Montauban. si bien es romántico al fin, como todo gran lírico (dice de sí, “poeta,elegido del destino fatal”), no se cansaba de repetir a sus discípulos: “La perseverancia es la espina dorsal del talento.” Lo cual demuestra que no creía en la genialidad infalible.
En cuanto a las inspiraciones que halló en el arte del pasado, ya que buscaba un orden, una síntesis, lógico era dirigir la mirada hacia aquellas épocas en que los escultores habían logrado más agudamente hacer hablar a la piedra su lenguaje original épocas en que la estatuaria mantiene y subraya el ritmo general del edificio para el cual ha nacido. Ese acorde siempre ha sido logrado por los pueblos en tiempos de juventud, cuando aun la fe colectiva está de tal modo consubstanciada con los individuos todos, que el símbolo surge espontáneo como signo de una aspiración común.
Además, el poder de seducción de su obra escultórica nada tiene que ver con los modelos clásicos: es el fruto de una concepción personalísima del artista, expresada mediante una Factura robusta y sirnple, y por deformaciones calculadas con un fin expresivo, que no son jamás sistemáticas sino el resultado de un estudio conciente de la naturaleza. Si uno de los puntos de ajuste de su escultura fallara, la forma saldría disparada al infinilo, tal es la energíaa retenida en ella. Cuando las necesidades constructivas y estructurales le exigenn la Simplificación de una línea, la limitación de un plano, el modelado en profundidad queda incluso, trémulo y vibrante, en la armazón geométrica a la cual comunica vida intensa por concentración y saturación.
Bourdelle vive en un mundo inquieto y desgarrado, en el que poco a poco se va infiltrando el escepticismo. Nuevas creencias nacen y mueren antes de que una generación haya llegado a la madurez. La tradición pierde su fuerza y su virtud de incitación: el hombre ya no se apoya en ella para dar el salto sin caer en el vacío; además, para usar tal trampolín se requiere vigor vital. De lo contrario, sólo se logra un remedio exangue y estéril que lleva en sí todos los síntomas de una vejez prematura. El autor del Alvear poseía esa energía juvenil, ese conmovedor don de infancia, común a todos los poetas, y que hace de ellos los herederos directos del legado de formas acumulado por la humanidad. Bourdelle tuvo la audacia y la humildad de aceptarlo. Audacia, porque ello importa una responsabilidad y un riesgo; humildad. porque su aceptación es el acatamiento voluntario de una disciplina. Pero el escultor de Montauban era un hombre con nervios de moderno. Lejos de anquilosarse en la inmutabilidad de una fórmula, dejóse arrastrar por todas las contradicciones que constituyen la miseria y la grandeza del alma de! hombre actual. Su vida fué una continua busqueda, agitada siempre por las mil voces que seducen al ser humano con su apariencia de verdad. Como bien dejó grabado en el busto que hizo a su amigo Mécilas Goldberg. “la paz no reina en las alturas”. Es esa inquietud. ese aletear de pájaro de presa. lo que hace de Bourdelle el representante máximo de los anhelos que anidan en el alma colectiva moderna.
En realidad, la producción de Bourdelle podría representarse por una línea ascendente que abarca una trayectoria completa de evolución. Es un caso en el que un individuo aislado recorre progresivamente todas las etapas que de un modo general cumplen las civilizaciones. Esto ocurre en épocas de extremo individualismo y descreimiento, en vías ya de decadencia. Parecería que, por una ley de compensación, la naturaleza proveyera en esos momentos hombres capaces de tomar sobre sí el destino asignado otrora a sucesivas generaciones. De aquí la calidad de su obra compleja: hecha de luz y sombra, habitada de dudas y certezas, de ciencia e instinto, de espíritu y sensualidad. Por la perfección lograda nos asombra; por sus debilidades y fallas nos conmueve. Debilidades y fallas que, como dijo Anatole France, se deben, en este gran artista, una de las mentes creadoras “más fecundas y potentes” de la historia del arte. a que aspiró algunas veces -”noble defecto”~ a llegar más allá de lo posible.
Por M. Mir
Editorial poseidon, Buenos Aires. 1943
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