Por Benvenuto Cellini
SOBRE LAS DIFERENCIAS ENTRE ESCULTORES Y PINTORES
Disquisición sobre el lugar preponderante dado a la pintura, en ocasión de las exequias del gran Miguel Ángel
Todas las obras hechas por el Dios de la Naturaleza, sea en el cielo corno en la tierra, pertenecen a la Escultura y, para llegar más claramente a lo que queremos demostrar, dejaremos de lado los cielos y sólo razonaremos sobre las cosas de la tierra hechas por el mismo Dios que hizo los espacios infinitos. Lo más admirable que nos es dado contemplar sobre esta bella máquina terrestre es el hombre, que ha sido hecho, tal como puédese ver, a todo relieve, o sea en Escultura. Del mismo modo todos los animales, todas las plantas y las otras infinitas cosas: flores, yerbas y frutos. Primeramente la naturaleza hizo estas bellas cosas sin color alguno; luego, para mostrarlas más gratas y diferentes unas de las otras, les dió colores, o sea hizo escultura coloreada.
Esta palabra “escultura” quiere decir “esculpir” o sea hacer obras redondas, palpables y visibles. La Pintura debería, en realidad, llamarse “coloración”, y el pintar “colorar”, pero esa admirable criatura que es el hombre ha falseado los términos, tal como en el caso de la escultura. A pesar de considerarla un arte muy bello y agradable, creo que se la ha elogiado y complacido demasiado, considerándosela madre de todas las artes. Ello ocurre por culpa de la ignorancia de esos mismos que la elogian. Empero, los verdaderos y grandes pintores, como Donatello, Leonardo y el divino Miguel Angel, a viva voz y por medio de sus escritos, siempre han proclamado que la Pintura no es otra cosa que la sombra de su madre la Escultura. Por haber sido esto afirmado por los tres más extraordinarios escultores de los cuales se tiene noticia entre los modernos, su opinión no puede ser rebatida por los que ni de lejos se le aproximan. Ahora presentaré ciertas claras razones que apoyan lo antes dicho; alguna de ellas podrán ser fácilmente entendidas hasta por los que no son maestros de tales artes, y otras están especialmente, dedicadas a los peritos. Con ellas espero anularles todos sus argumentos de oposición, aunque creo que también sin mi ayuda esta verdad se defiende sola.
Trataré de ser todo lo brevísimo que sea posible: todas las obras que ejecutan los virtuosos pintores con tanta vocación, están copiadas de su gran madre la Escultura; tan cierto es lo que digo, que quienes las miran, queriéndolas elogiar, acostumbran decir: esta pintura parece en relieve. ¿Acaso trataríase de imitar, teniendo que vencer tantas dificultades a cosa de menor valor que la que se esté haciendo? Este solo argumento debería bastar, mas, para dar placer a los muchos artistas de las diversas profesiones, presentaremos otros, a fin de darles satisfacción y borrar toda sombra de duda. El buen pintor, tal como hace el mentiroso, trata siempre de imitar la verdad, deseando que su mentira sea más bella y agradable. El pintor, para hacer un desnudo de hombre o de mujer, Con toda su maravillosa habilidad, estudios y disciplinas, emplea unas ocho jornadas de trabajo; un escultor, igualmente excelente, queriendo hacer lo mismo, ya sea en mármol o en bronce, no podrá menos de emplear un año entero. La pintura sólo vive unos pocos años y la escultura es casi eterna. La Pintura está obligada a un solo punto de vista y, con un pequeño perfil, puede acrecentar su obra de infinita belleza; además, con suma facilidad, puede quitar todo lo que resulte desagradable a los ojos del que la mira. La Escultura también empieza por un solo punto de vista, mas cuando fuere necesario dar vuelta a la obra por cualquiera de sus costados, presenta tantas dificultades que aquella primera impresión de belleza, vista en otra perspectiva, es tan diferente de la primera como lo bello de lo feo. Y si a esto agregamos los ciento o más puntos de vista a los que está obligada la estatuaria, veremos cómo aumentan las infinitas fatigas del escultor, que vése obligado a dar belleza a todo ,el conjunto. La Escultura tiene infinitas perspectivas, mientras la Pintura sólo tiene una y no más. Esto resultará comprensible tanto para los artistas como para los profanos.
Concluiremos afirmando que la Pintura es, sin lugar a dudas, la sombra de la Escultura. Si bien es posible agregar muchos otros bellísimos argumentos en apoyo a esta tesis, considerando que la verdad se defiende por sí misma y por sí misma se afirma, dejaremos el campo libre a los que desearen hablar en contra; éstos afirman que los escultores cuando quieren hacer una obra deben, primeramente, dibujarla. A este pobre argumento contestan los escultores que, cuando ellos desean expresar su concepción, toman tierra o cera, y con ellas, más fácilmente y con mayor brevedad, pueden librarse de las dificultades de la perspectiva. Seria fácil destruir sus falsos razonamientos, mas, por poseer la palabra tres distinciones fundamentales, me serviré de la primera, la cual, como ya dije anteriormente, lIámase razonar, o sea dar la razón de las cosas. Porque el hablar sin ton ni son es arma que emplean mucho los defensores de la Pintura, o sea la mentira; pero es necesario oír la clara voz de la verdad, tras de la cual me escudo y me defiendo.
Benvenuto Cellini
Tratados de la Orfebreria y la Escultura ,seguidos de los Discursos sobre el arte.
Editorial Schapire Rivadavia 1255 –Buenos Aires


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