TRATADO DE ARMONÍA

de TRATADO DE ARMONÍA de Arnold Shönberg

Lo repetiré de nuevo: las leyes naturales no conocen excepciones; las leyes artísticas se componen ante todo de excepciones.

¡Espero que mis alumnos busquen! Porque han llegado a saber que se busca sólo para buscar. Que el encontrar es, en efecto, la meta, pero que muy a menudo puede significar también el final de esa tensión fructífera. … [el alumno] debe saber que en todo lo que vive está contenido su propio cambio, desarrollo y disolución. La vida y la muerte están ya en el mismo germen. Lo que hay entre ellas es el tiempo. Así, pues, nada esencial, sino sólo una medida que se llena necesariamente. Con este ejemplo aprenderá el alumno a conocer lo único que es eterno: el cambio, y lo que es temporal: la permanencia.

Una vez curados de la locura de creer que el artista crea por razones de belleza; una vez que se ha reconocido que sólo la necesidad le obliga a producir lo que quizá designaremos luego como belleza entonces es cuando se comprende que la inteligibilidad y la claridad no son condiciones que el artista necesita para instalarlas en la obra de arte, sino condiciones que espectador espera ver satisfechas.

Y [el alumno] verá la belleza en su eterno rodeo hacia la verdad, y comprenderá que el cumplimiento es la meta del deseo, pero quizá el final de la belleza; y comprenderá que la armonía -proporción- no es la inmovilidad de unos factores inertes, sino el equilibrio de fuerzas en una tensión máxima. Y esta enseñanza debe conducir a la vida, donde se dan estas fuerzas y estas batallas. Representarse la vida en el arte con su movilidad, con sus posibilidades de cambio y sus necesidades; reconocer en la evolución y en la mutación la única ley eterna - todo esto será más fructífero que suponer un término a la evolución porque así el sistema se redondea.

… independizarse del instinto es tan difícil como peligroso.. Pues junto a lo exacto y a lo equivocado, junto a las experiencias y observaciones heredadas de nuestros predecesores, junto a lo que tenemos que agradecer a su pasado y a nuestro pasado, yace quizá en el instinto una capacidad de desarrollo, un conocimiento del futuro; y quizá también otras posibilidades de las que el hombre llegará a ser consciente, y que hoy sólo puede, a lo sumo, presentir y entrever, pero no realizar. La creación del artista es instintiva. La consciencia tiene en ella poco influjo. Él siente como si le dictasen lo que hace. Como si hiciera sólo lo que procede de una fuerza interior cuyas leyes no conoce. Es el ejecutor de una voluntad oculta, de su instinto, de su inconsciente.No sabe si se trata de algo nuevo o viejo, bueno o malo, bello o feo. Siente sólo el impulso al que debe obedecer. Y en ese impulso puede expresarse lo viejo o lo nuevo. Cosas que dependen del pasado y cosas que muestran el camino del futuro. Viejas verdades o nuevos errores. Su naturaleza musical, sea heredada de un antepasado músico o adquirida estudiando las obras del pasado; pero también quizá el efluvio de una fuerza buscadora de caminos nuevos.

Recopilado por Rodolfo Alchourron (1934-1999)

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