BENEDETTO CROCE : Crítica de la imitación de la naturaleza

A los cuarenta y seis años, el gran filósofo y ensayista italiano Benedetto Croce se enfrenta con el arte. Ya en su Historia orientada bajo el único concepto del arte, publicada en 1893, revelaba un espíritu audaz que rechazaba tanto el idealismo procedente de Hegel como el positivismo demasiado prosaico. En su Estética, que ha aparecido este año en Milán,1902, aborda el problema, por así decirlo, por el otro extremo: la idea de que toda creación artística es una unidad intuitiva de la forma y del contenido, pero estrechamente relacionada con la historia. El breve extracto que ofrecemos más abajo, en la medida en que muestra cómo Croce niega que el artista pueda contentarse con imitar la naturaleza, ilustra sus tesis.

La proposición de que el arte es imitación de la naturaleza tiene varios sentidos. Con estas palabras se han afirmado, o al menos esbozado, unas verdades y, al mismo tiempo, se han sostenido unos errores y, con mayor frecuencia, no se ha precisado nada. Se tiene uno de los sentidos científicamente legítimos cuando imitación se entiende como representación o intuición de la naturaleza, forma de conocimiento y cuando eso es lo que se ha querido significar poniendo de relieve por adelantado el carácter espiritual del procedimiento, esta otra proposición también adquiere legitimidad: el arte es la idealización o la imitación idealizadora de la naturaleza. Pero si por imitación de la naturaleza se entiende que el arte ofrece reproducciones mecánicas, duplicados más o menos perfectos de objetos naturales, ante los cuales se renueva ese mismo tumulto de impresiones que producen los otros objetos naturales, la proposición, evidentemente, es errónea. Las estatuas de cera pintada que simulan seres vivos y ante las cuales retrocedemos estupefactos en los museos no nos dan intuiciones estéticas. La ilusión y la alucinación no tienen nada que ver con el sereno dominio de la intuición artística. Si un artista pinta el espectáculo de un museo de estatuas de cera, si un actor representa en el escenario al burlesco hombre-estatua, tenemos de nuevo el trabajo espiritual y la intuición artística. La misma fotografía, si tiene algo de artístico, lo tiene en tanto que transmite, al menos en parte, la intuición del fotógrafo, su punto de vista, la pose y la situación que se ha afanado por elegir… y si no se trata del todo de un arte, es que el elemento natural permanece más o menos inelíminable e insubordinado: ¿ante qué fotografía, hablo de las mejor acabadas, sentimos una plena satisfacción’ ¿Existe alguna en la que un artÍsta no haria una o varias modifÍcaciones y retoques, no quitaría o añadiría nada?

El tema o el contenido no se puede abordar práctica y moralmente mediante epítetos de alabanza o de censura. Cuando los criticos de arte se percatan de que un tema está mal elegido en el caso en que esta observación tenga una base justificada, no se trata en realidad de una censura dirigida a la elección del tema (lo que seria absurdo), sino a la forma en que el artista lo ha tratado, a la expresión mal solucionada a causa de las contradicciones que contiene. Y cuando los mismos criticos, ante obras que proclaman artísticamente perfectas, se sublevan contra el tema o el contenido por ser indigno del arte y censurable; si estas expresiones resultan por lo demás verdaderamente perfectas, no queda más remedio que aconsejar a los criticos que dejen en paz a los artistas, que sólo pueden inspirarse en lo que les ha causado impresión, y provocar unos cambios en la naturaleza ambiente o en la sociedad para que esas impresiones dejen de ejercerse. Si las fealdades desaparecen del mundo, si en su lugar se establecen la virtud y la felicidad universales, los artistas ya no representarán sentimientos perversos y pesimistas, sino serenos, inocentes y alegres, como los arcadios de una Arcadia real. Pero mientras se impongan fealdades, dolores e infamias al artista, su expresión aparece, y cuando ha nacido, factum infectum fieri nequit. Lo decimos siempre desde el punto de vista estético y del critico de estética puro.

Benedetto Croce
La Estética como ciencia de la expresión y lingúistica general ( extracto )

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