Escrito entre finales de 1545 y comienzos de 1546. Reelaborado varias veces.
Soneto en honor de Dante, que, como sabemos, fue el poeta favorito de Miguel Angel, al punto que se tenía al escultor por un experto en materia dantística.
SONETO LVIII
Descendió del cielo, y ya en mortal, tras
que hubo visto el justo infierno
y el piadoso, vivo retornó a contemplar a Dios,
para darnos de todo la verdadera luz.
Luciente estrella, que con sus rayos
hizo claro, sin razón, el nido en que yo nací,
no le sería premio todo el malvado mundo;
sólo tú, que la creaste, tal lo podrías ser.
De Dante hablo, que mal conocidas sus
obras fueron por ese pueblo ingrato
que sólo a los justos desprovee del bien.
iMás ojalá hubiese sido él! Por tal fortuna,
con su áspero exilio y también su virtud,
daría yo del mundo el puesto más feliz.
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