Por Debora Brewster
Extracto del artículo publicado en The Financial Times de Londres
El arte, ¿un activo con clase o una clase nueva de activo? Deborah Brewster investiga el reciente aumento de proveedores de datos sobre arte y advierte que los índices de precios no funcionan como los índices del mercado tradicional
La aparición, en los últimos años, del arte como un tipo de activo competente parece estar acelerándose con el crecimiento de datos económicos e índices que siguen la pista al mercado del arte. Artprice.com y Artnet.com, las dos bases de datos más importantes, muestran la obra de cada artista vendida en subasta en la última década y la información de dónde se vendió y por cuánto, o simplemente si no se hizo. Incluyen también gráficos que muestran los precios medios pagados por la obra de un artista cada año, el volumen de obras vendidas y todo tipo de estadísticas. Hoy en día existen media docena de empresas que ofrecen índices del mercado del arte que le siguen la pista a artistas y géneros de todos los tiempos, como el Índice Picasso o el Índice de Maestros Antiguos.Muchos compradores de arte pertenecen al mundo jurídico o financiero y se mueven como peces en el agua entre índices y datos. Están acostumbrados a manejar números en su trabajo, y ello supone que se sientan cómodos en este terreno. Los índices también los emplean algunos de los fondos de arte que se han creado a la espera de atraer posibles y ansiosos inversores. Artnet.com, quizá la mayor de las empresas del recién nacido campo de los datos on-line sobre arte, aumentó su cotización un 600 por cien en los dos últimos años. Tiene más de 5.000 suscriptores y su web supera el millón de visitantes únicos al mes.
No obstante, existen algunas trampas en el uso de estos índices a la hora de informarnos acerca de los precios actuales. Uno de esos inconvenientes es que la mayoría de ellos muestran simplemente el precio medio pagado por una obra particular de un artista y en un determinado período de su carrera. Un índice de las composiciones de Picasso vendidas el año pasado incluirá un trabajo particularmente atractivo que se vendió en 80 millones de dólares, y que elevará el resultado de la media de forma acusada. También puede suceder que un coleccionista haya querido deshacerse de un gran número de producciones menores de un artista que no alcanzaron el precio esperable, lo que supone la caída del índice ese año y, por tanto, dar la imagen errónea de que los Picassos han caído en desgracia.
La mayoría de los proveedores de dichos índices sortean este inconveniente haciendo recortes o limándolo, para lo cual eliminan el 5% de las obras, las que, ordenadas por precio, quedan por arriba y por debajo de la lista. Algunas veces, incluso, es el proveedor quien decide que un trabajo en particular no se incluya. En otras palabras, la mayoría de los índices no son realmente índices, sino gráficos de unos precios medios que ignoran el hecho de que las obras de arte no son intercambiables.
Los datos sobre arte no son apropiados para promocionar el arte como inversión, sentencia Kevin Radell, encargado de productos financieros en Artnet.com. La mayoría de los índices no son significativos como guías de precios. Te pueden indicar algo, pero no pueden ser considerados una fuente de información fidedigna como lo son los índices de valores o bonos.”
Artnet.com prefiere referirse a su gráficos como “datos de mercado normalizados”, aunque el señor Radell procura recopilar datos verdaderos. Para ello, tendría que encontrar un modo fiable de cuantificar el criterio empleado por los tasadores de arte, teniendo en cuenta, por ejemplo, también las condiciones y la rareza de la obra de arte. Radell, ex-agente financiero, señala además que este mercado está plagado de otros datos relevantes como podría ser, por ejemplo, que existen obras y géneros que se venden muy bien en ciertos países, mientras que en otros no.
El índice de arte más conocido mundialmente es quizá el Indice Mei Moses, creado por dos académicos de la Universidad de Nueva York, Mike Moses y Jianping Mei. Este sólo incluye aquellas obras vendidas cuyo precio de venta anterior es conocido. De esta manera, su índice se acerca a uno real que refleja los actuales aumentos de valor y no los valores medios generales. El inconveniente es que recogen un número mucho más pequeño de transacciones. Por otra parte, sólo utilizan datos provenientes de las subastas de Christie’s y Sotheby’s en Nueva York.
El señor Moses acaba de completar un estudio comparativo entre su índice de ventas repetidas y un índice de ventas de promedios, con resultados interesantes. Tomando los datos basados en subastas de impresionistas desde 1995 a 2004, creó un baremo de precios medios y otro de ventas repetidas. Ambos se movían aproximadamente en la misma dirección, lo que suponía que la década había terminado por encima de donde comenzó. Con todo, el referido al de los precios medios resultaba mucho más volátil que el de ventas repetidas.
En un año, 1997, el índice se dispara bruscamente a casi el 400%, antes de caer en picado en 1998. En el mismo período, el referido a las ventas repetidas de Mei Moses apenas se movió, lo que suponía una asombrosa diferencia entre los dos índices, incluso aunque ambos se basaban en los mismos datos.
Otro problema que afecta a cualquier índice es que las bases de datos empleados proceden sólo de venta en subastas. Ninguno incluye los precios de marchante (aunque Artnet.com está en proceso de añadirlos). Y es que desde el momento en que dos tercios de todas las transacciones las hacen los marchantes significa que los datos son incompletos.
Piénsese que algunos artistas, por la razón que sea, no venden demasiado en subasta, pero tienen importantes seguidores entre los marchantes. Su precio, por tanto, podría resultar bastante engañoso. Tampoco tienen en cuenta los acuerdos internos o las obras que no se venden porque no alcanzan el precio de reserva. Esto puede constituir un tercio de las obras sacadas a subasta. Si se excluyen los acuerdos internos, se infiere que la mayoría de los índices están falseados al alza. Todo ello no quiere decir que tales bases de datos sobre arte no valgan la pena. Son fuentes para coleccionistas y curators de información concienzuda y transparente.
En conjunto, proveen de un indicador general al mercado del arte y los sectores derivados de éste. Sin embargo, si el precio medio de los Maestros Antiguos vendidos ha subido un 50% el año pasado, no implica que la persona que compró uno pueda hoy venderlo por un 50% por ciento más.
Extracto del artículo publicado en The Financial Times de Londres el 14 de agosto de 2006
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