Manuel Toledo
BBC Mundo
En la galería londinense White Cube se inauguró este fin de semana una exposición de la artista colombiana Doris Salcedo, considerada como una de las figuras más importantes de la escultura contemporánea a nivel mundial.
“ El arte tiene un poder enorme: tiene el poder de devolver al dominio de la vida, al dominio de la humanidad, la vida que ha sido profanada “
Doris Salcedo, conferencia en la Universidad de Harvard
La primera impresión de quien llegue directamente al espacio expositivo, luego de navegar entre los cientos de jóvenes que por las tardes beben cerveza en la plaza frente a la galería, podría ser que se trata de una muestra de muebles de segunda mano y de zapatos viejos.
En las paredes no hay información sobre las obras. En el primer piso hay armarios, aparadores, algo que parece ser un asiento, el resto de una cama.
Cuando uno los mira con más detenimiento, comienza a darse cuenta de que algunos tienen incrustados trozos de tela, marcas de flores, diferentes texturas.
¿De quién habrá sido este armario? ¿Qué tiene o habrá tenido dentro? ¿A quién habrá pertenecido esta camisa de la que sólo queda una manga?
Exposiciones
Salcedo vive y trabaja en Bogotá, ciudad donde nació en 1958.
En la última década su obra se ha expuesto en espacios como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la galería Tate de Londres, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la XXIV Bienal de Sao Paulo, Documenta 11 y la VIII Bienal Internacional de Estambul.
No es la primera vez que se presenta en White Cube: ya lo hizo en 1995, con “La Casa Viuda VI”, y en 2004, con la instalación “Neither”.
Pero la muestra de este año tiene otro motivo especial porque se ha organizado como complemento a una nueva instalación que le encargó la galería Tate Modern y que se inaugurará el 9 de octubre.
“Shibboleth”
La Tate, donde Salcedo también expuso en 1999 y 2000, se ha negado a entrar en detalles sobre el proyecto y tiene el espacio de su Sala de Turbinas protegido con cortinas.
“Me han hecho jurar que lo mantendré en secreto”, le dijo a BBC Mundo la artista colombiana.
Sin embargo, por el título de la instalación, “Shibboleth”, se podría pensar que hará referencia a las brechas que se van abriendo entre los seres humanos hasta crear identificaciones que pueden llegar a generar exclusión y violencia.
Según el Antiguo Testamento (Jueces 12:5-6), el término, que en hebreo significaba “espiga de maíz” o “arroyo inundado”, fue utilizado por los habitantes de Galaad para distinguir a los de Efraín -en cuyo dialecto no existía el sonido “sh”- antes de degollarlos.
Quizá también evoque los poemas Shibboleth e In Eins de Paul Celan, a quien Salcedo cita con frecuencia y que tanto impresionaron al filósofo francés Jacques Derrida.
Ambos textos incluyen el eslogan “No pasarán” de la Guerra Civil Española y tienen como trasfondo la memoria, el exilio y el tiempo.
Violencia
La violencia política y sus ramificaciones han ocupado una posición central en la obra de Doris Salcedo.
Sus muebles, en los que trabaja con materiales como el cemento, el concreto, el algodón y el vinilo, suelen ser testigos mudos de la violencia en su país natal.
Ella dice que esas piezas, relacionadas con personas desaparecidas, perseguidas, desplazadas, representan “la ausencia pura”.
Cada pieza es producto de largas investigaciones y de entrevistas con los sobrevivientes.
En cada escultura convergen testimonios, vestigios materiales y reflexiones de pensadores contemporáneos.
“Atrabiliarios”
Los zapatos de la serie “Atrabiliarios”, expuestos en White Cube en pequeños nichos, también invitan a una reflexión sobre la violencia política.
A primera vista, parecen zapatillas de ballet en minúsculos armarios empotrados.
En realidad, se trata de una representación del calzado que le dieron a la artista los familiares de personas desaparecidas en Colombia.
Entre el espectador y estos objetos relacionados con experiencias reales y traumáticas, ella ha puesto películas translúcidas hechas a partir de animales sacrificados -vejigas de vaca o piel de cordero- y cosidas a la pared con hilo quirúrgico.
El poder del arte
Según Salcedo, su objetivo es ayudar a transformar las experiencias privadas de las víctimas en experiencias colectivas, de manera que no pierdan su dimensión social.
Pero insiste en que sus “actos de memoria” no buscan mostrar el espectáculo de la violencia, sino que lo que le interesa es el estado latente de ésta.
Doris Salcedo también ha dicho que, aunque la mayor parte de su obra se basa en el conflicto colombiano, lo usa sólo como ejemplo porque es algo que “le puede pasar a cualquiera de nosotros, a cualquiera en el mundo”.
En su opinión, “matar es una manifestación del poder absoluto y no hay nada que el arte pueda hacer contra el poder absoluto”.
Pero, según dijo en una conferencia en la Universidad de Harvard en 2002, “el arte tiene un poder enorme: tiene el poder de devolver al dominio de la vida, al dominio de la humanidad, la vida que ha sido profanada”.


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