Escrito hacia 1546. Los primeros editores lo pensaban dirigido a Vittoria Colonna. Girardi –con la evidencia del primer terceto– lo supone para Cavalieri.
LXII
No es siempre culpa áspera y mortal
por una inmensa belleza el fiero ardor,
si tras sí deja enternecido al corazón,
y en breve un dardo divino 10 atraviesa.
Amor desvela y presta plumas a las alas,
y manda volar alto al furor vano;
como primer peldaño que hacia su creador,
aún no saciada, el alma asciende presta.
El amor de que hablo a lo alto aspira;
la mujer le es demasiado ajena; y mal conviene
en ella arder ánimo viril y sabio.
Uno cielo y el otro busca tierra;
en el alma uno, el otro habita los sentidos,
y el arco apunta cosas viles y plebeyas.


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