Archive for December, 2007

“Cómo se vuelve uno mediocre?

“Cómo se vuelve uno mediocre? Con el compromiso y con el hacer concesiones, hoy sobre una cuestión, mañana sobre otra, según los dictados del mundo –sin contradecir nunca el mundo, y siguiendo siempre la opinión pública!”

“Ahora bien, yo pienso que se es enemigo de sí mismo si no se quiere mirar las cosas de frente, si no se dice (sobre todo si se es joven): veamos un poco, en cuanto a mí yo no quiero ser sostenido por un sistema, quiero enfrentar las cosas según la razón y la consciencia”.


Vicent Van Gogh

Niune, diciembre de 1883.

Para pensar

Si bien, el arte sobrevivirá por sí solo, desgraciadamente sus creadores, no”

O.P.

El artista

por Rosa Olivares


Hace unos años leía en un libro americano de dudosa traducción que los licenciados en Bellas Artes, sólo en Nueva York en un año, eran más que todos los artistas que conocemos del Renacimiento italiano. En una conversación, hace unos días, un joven crítico me comentaba lo difícil que era elegir entre la gran cantidad de artistas que hay hoy en día, “si en la época de Greenberg había 600 artistas en Nueva York, hoy se puede hablar de un millón”. Como siempre, parece que todo sucede en Nueva York, tanto en los libros americanos como en la crítica española. Pero la realidad es que si transpolamos los datos neoyorquinos a los del Estado español la situación final viene a ser similar. En cualquier caso, da igual, no veo la necesidad de acotar un territorio para el arte y/o los artistas. Se dice que “el artista”, hoy, es cosmopolita: nace en Dubai, se forma en Londres, vive en Nueva York y trabaja en Berlín; las vacaciones tal vez sean en Ibiza.
La abundancia de artistas debería ser una satisfacción, significaría un auge desmesurado de obras de arte (la enorme oferta haría incluso que los precios bajasen…), de grandes colecciones, de excelentes exposiciones… Sin embargo, sorprendentemente, esto no es así. Curiosamente, a mayor cantidad menor calidad. Esta superabundancia en la que nos ahogamos deja tras de sí una debilidad de propuestas patética: copia sistemática, frivolidad de planteamientos, efectismo teatral, y ansiedad desmedida por triunfar, no tanto por hacer una gran obra. Una vez más habrá que plantearse quién es un artista y quién un artesano, incluso quién un diletante; tal vez habrá que ver qué es el arte, más allá de la belleza, la decoración, el discurso pseudofilosófico o la coyuntura mercantil. Leonel Moura planteaba hace tiempo que la idea de artista tiene que cambiar, que no basta con hacer un objeto dentro de unos determinados esquemas teóricos o formales, sino que artista debería ser aquel que aportara algo nuevo, diferente, personal a lo ya creado, a lo ya dicho. Si aplicamos este planteamiento, el número de “artistas” censados baja de una manera impresionante pero, ¿quién se lo dice al artista?

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Soneto LXIII/ por Miguel Ángel Buonarroti

Escrito hacia 1546. Probablemente para Vittoria Colonna.

SONETO LXIII

Si la mucha demora halla más gracia y ventura
de la que en tiempo al deseo piedad otorga,
la mía en tantos años, me aflije y duele,
pues el gozar del viejo muy poco dura.
Contrario es el cielo, si nos mira o cura,
al arder en tiempo en que helar se debe,
cual yo por una mujer; de donde mis lagrimas
solas y tristes pesan más con la edad madura.
Mas aunque al fin de la jornada esté,
con el sol ya casi en su ocaso apagado,
entre espesas tinieblas y con umbroso frío
si amor que sólo al inciar camino inflama,
y no de otro modo es, en un viejo arde tanto,
es porque ella del fin me hace principio

La escultura no es un adorno, ¿o sí ?

ESCULPIENDO LA NIEBLA

La escultura no es un adorno, ¿o sí ? La escultura no es una decoración, ni una negación, ni un armatoste que nos impide caminar sobre todo el espacio transitable. La escultura no es una creación superflua y prescindible. La escultura es testimonio formal de sentimiento del pensamiento, es cultura. Aunque en los cincuenta Barnett Newman la llegara a definir como « aquello con lo que tropiezas cuando retrocedes para ver una pintura ». Que su dificultad sea considerable, que su consideración sea escasa, que su cultivo requiera dotes excepcionales y distintas, que su secreto sea misterioso, que no sea necesaria para un elevado número de mortales, no quiere decir que pueda renunciar a su condición de expresión plástica y artística, incardinada en lo que venimos, desde hace siglos, milenios quizás, considerando arte.

¿Para qué sirve el arte ? Para nada o para mucho, según criterios, según sensibilidad, según el grado de desarrollo del pensamiento de cada uno. Pero, es necesario. Eso repite mi viejo amigo, el maestro Zachrisson, corazón cubista de ritmo tórrido caribe : « el arte no sirve para nada, pero es necesario ».

La escultura, trascendida la materia, es arte ; el arte es cultura ; cultura, creación del hombre que, desde tiempos remotos, le ha distinguido como ser superior, que puede deambular desde el pensamiento lógico al pensamiento mágico, sin establecer ni ideologías, ni creencias, ni sistemas de control, sino elementos formales que enriquecen, generan y germinan el pensamiento, dinamizan la vida y consolidan la dimensión del sentir y el pensar. La escultura no constriñe, abre cosmos, crea horizontes ; no perturba el espacio, lo orienta con vocación trascendente, establece un orden.

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Las Claves de la Escultura

Los temas
Por Juan José Martín González

La escultura es una realidad plástica que posee a la vez un contenido mental. Una gran parte de las esculturas de nuestra época es expresión del poder puramente imaginativo del artista del «arte por el arte». Pero en la perspectiva histórica lo habitual es que la escultura nazca de un encargo, de una persona o entidad, y con la intención de incidir ideológicamente sobre el público con un tema determinado. Conocer los temas de las obras contribuye necesariamente a esclarecer la esencia de la escultura. Lo cual quiere decir que si valiéndose de principios generales como los ya expuestos, el público está en condiciones de hacer una apreciación global de la escultura, no lo está, en cambio, para alcanzar los valores últimos que encarna.

Un tema es un condicionante que se ofrece al escultor, y del que se desprende un «contenido» (simbólico, psicológico, ideológico). Las formas que emplee tienen que responder a estas exigencias. Tema, contenido y forma establecen una secuencia en la concepción y realización de la escultura.

El estudio del tema y su significado, que afecta naturalmente a todas las artes «figurativas» y por ende a la escultura, ha dado origen a una nutrida bibliografía. Iconografía e iconología constituyen las ramas de este saber que, desarrollado sobre todo en el Instituto Warburg de Londres, a impulsos de Erwin Panofsky, representa una gran aportación al conocimiento de las artes figurativas.

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Para pensar

“ los hombres buenos son naturalmente deseosos de saber “

“Felices los que prestan oidos a los muertos: leamos los buenos libros y pongamos en práctica sus enseñanzas “

“ La práctica debe siempre ser edificada sobre la buena teoría “

“ ¡ pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro ! “

Leonardo da Vinci

La modernidad y los sentidos

Por Carlos Guevara Meza

Disciplina e interdisciplina en las artes

Y a la aurora, armados de una
Ardiente paciencia, entraremos
en las espléndidas ciudades.

Rimbaud,Una temporada en el infierno

Los privilegios de la vista

Hay una parte muy divertida de la Summa Theologica, donde Santo Tomás establece una diferencia esencial entre la vista y los otros sentidos. El parte de la consideración de que lo bello causa un placer sensible. Evidentemente debe pasar a construir una clasificación jerárquica de los sentidos con base en un criterio moral. El olfato, el gusto y el tacto estarían ligados a pecados como la gula y, sobre todo, la lujuria. La soberbia, la ira, la avaricia y la pereza estarían ligados a la voluntad. A la visión queda la envidia que, si bien está conectada al deseo, no será éste de naturaleza concupiscente y, además, no causa placer alguno. Así, sólo la vista y el oído serían capaces de impresiones estéticas, y aun el oído es sospechoso por su influencia carnal, según San Agustín, a quien Santo Tomás cita. De este modo, Tomás de Aquino se inclina por la mirada, el menos “pecador” de los sentidos físicos, pues exige un distanciamiento respecto del objeto, capaz de captar todas sus partes (Integritas), que resulta imposible para el gusto y el tacto. Requiere, asimismo, una racionalización que permita comprender los nexos lógicos entre las partes diversas del objeto (Claritas), de la que son incapaces el oído y el olfato.

Estas ideas nos pueden parecer ahora ingenuas y hasta estúpidas pero hay que recordar, como señala Panofsky, el importante papel que jugaba la reflexión intelectual en la producción artística que, si bien para el siglo XIII era realizada fundamentalmente por artesanos laicos, estaba estrechamente supervisada por clérigos, quienes casi tenían la obligación profesional de saberse estas cosas de memoria. Lo que no apunta Panofsky, y tampoco ninguno de los otros miembros de la escuela de Warburg, es que este tipo de debates se dan en el contexto de la lucha por la hegemonía cultural contra una cultura popular esencialmente oral y, por lo mismo, directamente vinculada con los sentidos del oído y el tacto, como bien ve McLuhan, aunque sin duda la imprenta de Gutenberg es más bien uno de los efectos y no la causa de la construcción paulatina de la cultura visual occidental.

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