El gusto por lo feo ha conquistado el gusto popular, y para muchos espectadores, es dificil asimilar el por qué de esta tendencia.
Bacon y Picasso son dos de los artistas que dinamitaron en el siglo XX los cánones estéticos y nos hicieron comprender que los conceptos de belleza y fealdad son conceptos ambiguos y que dependen de la cultura, la época y la sociedad en que se dan. Estos artistas, entre otros muchos, han facilitado el pasaporte para que este los jóvenes artistas sean hoy embajadores de la democratización de la fealdad.
Desde finales del siglo XX estamos asistiendo a una popularización de lo feo y el feísmo el libro de Umberto Eco Historia de la fealdad (Lumen), la celebración de los 30 años del punk y los 10 de la exposición “Sensation” que hizo añicos las convenciones estéticas a las que nuestra sociedad estaba acostumbrada, nos hacen comprender que lo feo no es el lado oscuro de lo bello, ni una carencia de ello.
Las razones por las que la fealdad es aceptada hoy pueden ser varias: agotamiento del canon clásico; búsquedas de nuevos horizontes a través de la transgresión, la y la provocación; crisis de valores; desarrollo de las nuevas artes y medios como la fotografía, el cine, la televisión, la música e Internet, que difuminan las fronteras; vivir de espaldas a la naturaleza e imitarla en un mundo artificial; por las influencias de la publicidad y la moda que promulgan lo feo como medio para llamar la atención y obtener una identidad original.
Sin embargo, podemos decir que el amor a lo feo sea un símbolo de nuestra cultura decadente, sino más bien un reflejo de la realidad en la que vivimos, y del que además se puede seguir su evolución a lo largo de la Historia del Arte. El punto de partida fue el Romanticismo, que exaltó las formas libres, el sentimiento sobre la razón, la fantasía y las pasiones con un aliento trágico. Desde entonces la belleza como tal deja de tener interés para el arte. El interés no está en la evidencia de las cosas de la realidad, sino sobre los sentimientos y el espectador. Así hasta llegar a las creaciones de Damien Hirst, pasando por las vanguardias, el Kitsh o el Punk.
Hemos aprendido a ver la realidad que nos rodea, a encontrar nuevas sensaciones en una obra de arte, por eso, lo feo se ha normalizado, lo bello es feo, lo feo es bello.
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