Soneto LXV / Por Miguel Ángel Bounarroti

Escrito en 1547. Habla al Amor, a causa de la muerte de Vittoria Colonna.

El penúltimo endecasílabo debe entenderse: Los dardos del amor divino sirven de escudo a los dardos del Amor profano.

Soneto LXV

Vuélveme al tiempo, en que floja y suelta

al ciego ardor me estaba brida y freno;

tráeme al rostro angélico y sereno

que toda virtud consigo ha sepultado,

los continuos pasos y la fatiga mucha,

tan lentos a quien de años está lleno;

devuélveme fuego y agua dentro el seno,

si de mí una vez más saciarte buscas.

Y si es verdad, Amor, que sólo vives

de los agridulces llantos de mortales,

de un viejo cansado gozarás muy poco;

que el alma, caasi ya en la otra ribera,

te hace escudo con más piadosos dardos:

y en leño ardido el fuego poco prueba.

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