Escrito en 1547. Habla al Amor, a causa de la muerte de Vittoria Colonna.
El penúltimo endecasílabo debe entenderse: Los dardos del amor divino sirven de escudo a los dardos del Amor profano.
Soneto LXV
Vuélveme al tiempo, en que floja y suelta
al ciego ardor me estaba brida y freno;
tráeme al rostro angélico y sereno
que toda virtud consigo ha sepultado,
los continuos pasos y la fatiga mucha,
tan lentos a quien de años está lleno;
devuélveme fuego y agua dentro el seno,
si de mí una vez más saciarte buscas.
Y si es verdad, Amor, que sólo vives
de los agridulces llantos de mortales,
de un viejo cansado gozarás muy poco;
que el alma, caasi ya en la otra ribera,
te hace escudo con más piadosos dardos:
y en leño ardido el fuego poco prueba.


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