LA ESCULTURA NEOCLÁSICA A COMIENZOS S. XIX
El medio monótono.- La escultura tuvo un especial protagonismo en la vida artística del siglo XIX por motivos prácticos tanto como estéticos. Los escultores neoclásicos pudieron copiar con mayor fidelidad que los pintores los modelos antiguos, porque la mayoría de los originales (o copias romanas de los originales griegos) sobrevivieron gracias a la naturaleza inalterable de la piedra (en bronce se conservaron muy pocas piezas).
En lo estético, la recuperación de antiguas formas griegas para expresar ideas contemporáneas procedía de la creencia, generalizada en el siglo XVIII, de que en las obras de la Antigüedad residían los más altos valores de excelencia y virtud. Se creía que los griegos habían tomado el arte de los asirios y egipcios en una forma primitiva y carente de finalidad, y que le habían infundido sentido y alma, creando así la suprema realización escultórica del hombre. “Lo dotaron de heroísmo, majestad y belleza”, escribió un crítico contemporáneo.
Los artistas del período, como reacción ante todo aquello que consideraban frívolo e irracional en el estilo rococó. Quisieron imponer cualidades estéticas de veracidad, pureza y nobleza tal como aparecían ejemplificadas, según creían, en las más bellas obras de la Antigüedad. Además, la recuperación de estas formas antiguas tenía también una misión ética: purificar tanto a la sociedad como al arte. El escultor interpretaría las necesidades espirituales del hombre, sus sentimientos más refinados, incluso sus más vagas aspiraciones, además de sus ideas sobre la belleza moral e intelectual.
En la expresión de las más nobles aspiraciones del hombre, se combinaban los elementos del “sentido” (lo real) y del “alma” (ideal). No todas las obras de arte que perseguían estos objetivos lograban un equilibrio armónico (no necesariamente estricto) entre lo espiritual y lo sensual, pero las creaciones de mayor calidad consiguieron una fusión entre lo real y lo ideal donde ambos aspectos se reforzaban entre sí y ninguno dominaba al otro. (…)
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Escrito entre 1547 y 1550.
Nuevamente soneto amoroso-reflexivo ( muy patente de las inquietudes de Miguel Ángel ) y de contenido neoplatónico.
SONETO LXVII
Paso por los ojos al corazón en un momento
cualquier objeto que posea hemosura,
y es tan ancho el camino y tan capaz
que ni con mil se colma, ni con ciento,
de toda edad y sexo; por lo que temo,
cargado de afanes y más aún de celos;
entre tan varios rostros no saber cuál
antes de morir me llenará el contento.
Si un ardiente deseo en la mortal belleza
del todo se detiene, no descendió del
cielo con el alma; y es humano anhelo.
Pero si más allá va, Amor, desprecia tu nombre
y busca otro dios; y de aquél ya no teme
que al flanco está nuestro despojo hiriendo.
según José Javier Esparza
1) Búsqueda obsesiva de la novedad, objetivo fundamental del creador. El artista no aspira a crear una buena obra, sino una obra nueva, que sorprenda por su novedad.
2) Desaparición de significados inteligibles. Si no se entiende, mejor. Si se entiende, el artista cree que ha fracasado.
3) Transversalidad de los soportes, todo vale, el propio soporte se convierte en arte. ¿Pero pueden ser arte paquetes de cigarrillos pegados sobre muebles o latas apiladas?
4) La consagración de lo efímero.
5) La vocación nihilista, la carrera desenfrenada por destruir cualquier referencia sólida, estable.
6) Apariencia de subversión, cuando en verdad está en gran parte subvencionada desde el poder de turno, que sigue sin entender ese arte, pero que se siente moderno amparándolo.
7) El naufragio de la subjetividad del artista, que no valora otra realidad distinta de propio yo, y que, por amor a ese culto a su subjetividad más radical, termina por no entenderse ni él mismo.
alterar cualquier búsqueda de la belleza, concepto que se considera retrógrado y perverso
En http://www.futuropasado.com/?p=646
Por Walter correa
Miguel Angel Betancur es es un nombre que es muy común en nuestro mundo de las artes plásticas, porque desde su cuna ha estado vinculado a él por razones muy especiales: es hijo de uno de los escultores más connotados del arte colombiano, el maestro José Horacio Betancur, de su padre heredó la vena artística y el amor por los materiales duros que utilizaba el gran escultor en la elaboración de sus obras, también desde muy temprana edad aprendió a manejar el cincel y demás herramientas para moldear los mencionados materiales.
Siempre se ha sentido orgulloso de su ascendencia pero nunca ha tratado de imitar la obra de su progenitor y mucho menos de aprovecharse de su buen nombre; Miguel Angel ha seguido su propio camino y con su propio esfuerzo y talento se ha hecho también merecedor de un sitial en el campo de las artes visuales. No ha tenido profesión distinta a la de escultor, a la cual se ha dedicado toda su vida y con la cual ha logrado realizarse y ser respetado y acatado entre sus colegas.
Este maestro ha hecho obras monumentales para entidades públicas y privadas y muchas de sus obras están en espacios públicos en variadas ciudades del país como también en algunos museos.
La obra de Miguel Angel se destaca por la finura con que trata el material, el cual respeta y aprovecha hasta el máximo. A este artista no se le puede matricular en una determinada escuela, pues si bien tiene rasgos académicos,aparecen con frecuencia abstracciones y su toque muy personal de cómo comprende y entiende este complejo mundo del arte.
Este maestro ha sido por siempre amante de la naturaleza y por ende de la mujer a la cual la ha dedicado gran parte de su creación artística y la ha moldeado en mármol, arcilla, terracota, piedra, granito esmerilado, hierro, bronce, de ahí que sus mujeres son distintas, no repetitivas y de caracteres muy diferentes, carecen de razas, son el símbolo de la mujer universal que no necesita de lemas publicitarios que la limiten, en resumen la verdadera mujer reina del universo, por eso él con su obra ha sido uno de los artistas que más ha resaltado el valor de la mujer en la historia de la humanidad.
Medellín, Octubre 16 de 2007
Escultor alemán, n. en Meiderich, cerca de Duisburgo, el 4 en. 1881, m. en Berlín el 25 mar. 1919. Estudia en Düsseldorf, primero en la Escuela de Artes Decorativas, más tarde en la Acad. de Bellas Artes, hasta 1907. En 1906 había estado en Italia, y de 1910 a 1914 permanecerá en París, donde conoce sus primeros éxitos al exponer cinco esculturas en el primero de los dichos años. En cuanto a su orientación, sufre grandes virajes, indicio de su sensibilidad; si ha comenzado admirando sin reservas a Meunier y a Rodin, si luego ha prestado atención a Maillol, sus amistades definitivas serán Brancusi y Archipenko, pese a que el artista se guarda muchísimo de lanzarse a correr aventuras. En este aspecto, la guerra de 1914, que le obliga a regresar a su patria, será un bien, porque L. mantendrá su estilo intacto; pero las miserias y sufrimientos vistos en los hospitales de guerra, donde sirve como enfermero, le originan una grave psicosis, que no logra vencer. Marcha a Suiza en 1917 y realiza una importante exposición en la Kunsthaus de Zurich. En 1918 regresa a Alemania y se suicida. La brevedad de su vida ha garantizado la unidad y la pureza de su obra, admirable en su parvedad numérica.
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El artista costarricense de mayor éxito y proyección internacional: Francisco Zúñiga es patrimonio universal y uno de los grandes del mundo en la escultura contemporánea del siglo XX.
Se ha dicho de él: “un mexicano célebre nacido en Costa Rica y un costarricense universal radicado en México”.
“Ser original es volver a los orígenes”… Zúñiga supo encontrar en sus obras la raíz primigenia de Mesoamérica, que abarca desde México hasta Colombia, y sus figuras monumentales, la mayoría mujeres indigenas, resumen contundentes la potencia telúrica de la maternidad surgida de estos territorios.Nacido en Costa Rica en 1912, a los 24 años se instaló definitivamente en México, donde hizo crecer hasta la gloria universal una semilla que cultivó en nuestro país, cerca de su padre, Manuel Zúñiga, que era imaginero religioso, el mejor de aquella época.
Muy niño ya dibujaba y modelaba en barro y casi adolescente empezó a ganar premios artísticos, tanto en pintura como en escultura, en la Costa Rica anterior a los años treintas. Pero un hecho, la creación de una polémica Maternidad, merecedora de un premio centroamericano que luego le quitaron merced a pequeñeces y estrechez del medio nacional de aquel entonces (1935), lo convencieron de que debía salir. Supo ver la dimensión de su talento: la capacidad de saltar sobre sí mismo a lo largo y ancho y Costa Rica se le hizo pequeño.
Su hiperbólica trayectoria se hizo en México, es verdad: 62 años vivió allí y se volvió maestro venerado cuyas obras recorren un itinerario de 55 ciudades en el mundo y los mejores museos.
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Una obra escultórica que constituye un hito esencial del arte boliviano y un sustancial aporte a la plástica americana y universal.
Autor: Omar Di Sevo
“Es el caso de la vocación absoluta, del creador nato, añadiendo a esto la más rigurosa conciencia artesana. Sin alarde, en el silencio ardiente que llaman inspiración, echando miradas rápidas hacia el modelo, quien a su vez sigue esa diestra bruja. Marina cumple su comisión natural y sobrenatural de doblar un rostro, un torso o un cuerpo entero.
Como en los mitos, ella nació para el menester de leer lo evidente al vuelo y de rastrear lo escondido, sacándolo a la luz. Y labrada toda ella por la lez de los Andes, ha añadido al don de lugar su lealtad hacia la raza indígena”
Gabriela Mistral, Premio Nóbel.
Las formas adquieren trascendencia en la medida de los contenidos que los determinan, toman las experiencias del ser en la vida, ya que las mismas son realizadas por el artista mismo; sumirse en si y Salir de si mismo. “Mi experiencia de la vida, es el compendio de aquello que me ha afectado en modo tan decisivo que ya lo traigo en mi, como estampada forma y estratificación, como historia interna de la vida”.
Es a la ley de estas “experiencias” que se va desarrollando el proceso creativo de Marina Núñez del Prado; de las excrecencias del ser y de los hallazgos formales de sus investigaciones.
Una etapa de su creación, está caracterizada por obtener ciertos efectos lumínicos que poseen contingencias pictóricas; contrastes de luz y de sombra, sin desintegrar los volúmenes; espacios abiertos y cerrados obtenidos por el juego equilibrado de los volúmenes, con el pulimiento que el color efectúa al modelado, obtenido por el deslizamiento de la luz tras los volúmenes, logrando una transfiguración lírica de la realidad, a diferencia del vitalismo lírico de Rodin.
Auguste Rodin, hace visible un proceso dramático: el nacimiento de la obra, a partir del caos, utilizando la materia uniforme como contraste y dar relieve a la imagen, tanto en contenido como en modelado muestra el romanticismo del escultor francés. Marina consustanciada más con la “problemática” de la escultura de nuestro tiempo, recobra el volumen para hacerlo valer en el espacio como arquitectura, dentro de una concepción cerrada de la forma.
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El arte no es la menos misteriosa de las pasiones de los hombres. Desde un principio, desde un principio conjetural del primer capítulo de la Biblia, ha creado y sigue creando, universos paralelos al que nos dan los días y las noches. Los materiales que maneja son los colores, las formas, las otras percepciones, los movimientos, la memoria, la imaginación y el olvido.La escultura se dirige a la vez al tacto y a la vista, que es una extensión del primero. Adonis, en la fábula de Marino, recorre cinco deleitables jardines que corresponden a los cinco sentidos y tienen un valor alegórico. El último jardín es del tacto; el poeta previsiblemente, aprovecha las posibilidades eróticas de ese Edén.
Por suerte, nadie – digamos en París o New York- ha cometido la insensatez de ensayar una escultura pura, que prescinda de la visión y que se limite a los placeres digitales de lo angular, de lo rugoso, de lo vítreo, de lo metálico, de lo liso, de lo convexo, de lo cóncavo y de lo áspero. Una pieza escultórica es notoriamente visual y casi cabría decir, infinita, ya que podemos contemplarla desde casi infinitos ángulos. En el caso de las efigies ecuestres, abarca la epopeya.
En este momento recuerdo al Gattamelata y al Colleoni, esos dos bronces que se miran desde los lindes de Padua y de Venecia. Recuerdo en una plaza del Sur una estatua de Lee, los ojos vueltos hacia el Norte. Recuerdo haber tocado a la Esfinge, que Herodoto vio y definió, cargada de Sahara y de tiempo. Recuerdo las grandes formas de Henry Moore, que están a punto de ser humanas y que no salen de su magia. Recuerdo puerilmente dos leones victorianos de mármol, al pie de una escalera de mármol, jugando con serpientes en la sala de una estación de ferrocarril.
Las esculturas son cuerpos entre los cuerpos, bultos foráneos que la invención del hombre intercala entre los demás que pueblan el espacio y cuya imagen, según el idealismo, puede ser el espacio. Curiosamente, su carácter material acentúa su carácter fantástico. Cada estatua es un Golem.
Los psicoanalistas han divulgado un juego que consiste en preguntar a cada persona qué le sugiere una palabra. Dejo escrito aquí lo que me sugiere la palabra escultura.
Buenos Aires, catorce de junio de 1963
*Prefacio de Jorge Luis Borges en Alberto Galardi, La scultura de Santiago Cogorno
Jorge Luis Borges, El círculo secreto
Publicado por Mar
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