Escrito en 1555. Soneto enviado a monseñor Ludovico Beccadelli, nuncio apostólico en Viena, que, nombrado arzobispo de ragusa, se disponía trasladarse a esa ciudad. Beccadelli contestó a Miguel Ángel con un soneto –marzo de 1555—en iguales rimas, según era costumbre.En uno de los manuscritos de este soneto, hay una breve carta de Miguel Ángel a Vasari:Señor Giorgio: os envío dos sonetos; aunque son cosa sin importancia, lo hago para que veáis donde están mis pensamientos, cuando tengáis ochenta y un años, como yo tengo, me creeréis. Os ruego se los deis al señor Giovan Francesco Fattucci, que me los ha pedido. Vuestro Miguel Ángel Buonarroti en Roma.

SONETO LXX

Las fábulas del mundo me han robado
el tiempo en que debía contemplar a Dios,
y no solo he dejado su gracia en el olvido,
sino que con ella, incluso, me he dado a pecar.
Lo que a otros sabio, me hace ciego y tonto
y tardo en conocer mi error;
la esperanza falta, mas crece el deseo
por que me liberes de mi propio amor.
Parte en dos el camino que al cielo lleva,
mi Señor querido, y dame en esta mitad
para ascender tu necesaria ayuda.
Hazme odiar cuanto al mundo place
y sus bellezas que honro y cultivo,
para que antes de morir posea eterna vida.