AUGUSTO RODIN (1840-1917)
La esencia de la belleza y el amor a la naturaleza
Rodin era un mal estudiante según los criterios tradicionales y no fue admitido en la École des Beaux-Arts; estudió entonces en la Petit Ecole, en el Louvre, y en el estudio de Albert-Ernest Carrier-Belleuse, que ha sido calificado como el más completo maestro de escultura decorativa del Segundo Imperio. Su leal amistad durante dieciocho años, marcada por un profundo respeto mutuo, puede explicar el homenaje que Rodin tributó a su maestro en 1882, realizando su retrato en porcelana de Sevres, la técnica que Carrier-Belleuse revivió. El busto se considera uno de los retratos de mayor fuerza que hizo Rodin en la década de 1880, período en que su prodigiosa capacidad comenzaba a ser reconocida. La primera obra importante de Rodin, La Edad de Bronce fue criticada porque, según se decía, había utilizado vaciados de un modelo humano vivo. A pesar de que Rodin presentara pruebas en contra, incluyendo vaciados y fotografías que demostraban las diferencias existentes entre la escultura y su modelo, Auguste Neyt, un soldado belga, nada pudo convencer a los críticos de la autenticidad escultural de la figura. Este primer rechazo de sus ideas dejó en Rodin una huella duradera. Para Rodin, la esencia de la belleza estaba en la vida, y su más alta expresión en era la figura humana realizándose a sí misma a través de la acción, aunque fuera simplemente caminando, como en la escultura de San Juan Bautista predicando, su siguiente pieza significativa. Rodin, al representar los dos pies de San Juan planos y separados como si caminara, combinaba varios movimientos del ciclo de un solo paso. La pierna y el pie derechos sugieren el comienzo de un paso, con el talón y los dedos firmemente plantados en el suelo. Y se ha señalado que la pierna y el pie izquierdos parecen terminar un paso, con la pierna y el pie también firme mente plantados sobre el suelo. El hombre caminando, que sirvió de modelo para San Juan, es un torso sin brazos ni cabeza que se centra todavía más explícitamente en el acto de caminar. Su abstracción le hace especialmente atractivo para el espectador del S. XX. En El pensador aparece un hombre en el acto de pensar. La estatua tenía que ser la figura principal de Las Puertas del Infierno, unas puertas destinadas al nuevo Musée des Arts Décoratifs, que se encargaron a Rodin en 1880 y para las cuales seleccionó un tema sacado del Infierno de Dante y de Las flores del mal de Baudelaire. A menudo se ha identificado a la figura con el propio Dante observando el Infierno, o con el escultor, o con un símbolo del hombre pensante (que es lo que era, según Rodin). La figura está basada formalmente, en parte, en Ugolino y sus hijos de Carpeaux (1861); sin embargo, la principal influencia escultórica proviene de Miguel Ángel con el cual muchas obras de Rodin están en deuda. La postura de triste meditación está inspirada en la figura de Lorenzo de Medici en la Capilla Medici de la iglesia de San Lorenzo en Florencia. También la figura de Jeremías que realizó Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina inspiró la postura y algunos detalles de composición, como la posición del brazo izquierdo. La torsión, lograda colocando el codo derecho sobre la pierna izquierda, es una traducción de la figura simbólica de la Noche, de la tumba de Giuliano situada enfrente de la de Lorenzo en la Capilla Medici.El pensador se ha convertido en una de las imágenes artísticas más familiares de todo el mundo. Se han reproducido incontables réplicas, incluso con objetivos comerciales de poco gusto; ha sido expuesta en todos los continentes en diferentes instituciones (universidades, bibliotecas, edificios oficiales), y Rodin la eligió para su propia tumba. Se ha convertido en un icono moderno que expresa la condición humana mediante la interpretación escultórica de la figura humana. Rodin pensaba que el arte era sinónimo de religión y de amor por la naturaleza; para él, los tres eran una misma cosa. Sus figuras unían por vez primera lo real naturaleza y lo ideal religión en términos de naturaleza humana La estatua ya no era un sustituto de la expresión humana, sino una imagen que encarnaba las complejidades e intensidades de los sentimientos y emociones del ser humano. Una escultura neoclásica de Perseo o de Apolo o de Venus servía para inspirar y edificar al hombre mediante su asociación con las perfecciones morales, intelectuales y estéticas de los dioses y héroes de la Antigüedad. La escultura romántica, más naturalista en su ejecución formal, se ocupaba de los sentimientos humanos expresados en temas contemporáneos, históricos o mitológicos. A mediados de siglo, un contingente cada vez mayor de crítico de público comenzaba a cansarse del lenguaje clásico, y estaba preparado para recibir imágenes de vida frescas que atraerían a los “corazones y mentes vivos”. Las figuras de Rodin lograron producir esta atracción En ningún sitio se expresa esto con una profundidad más conmovedora que en el mar de casi doscientas figuras torturadas de Las puertas del Infierno, situadas por encima, alrededor y por debajo de El pensador, en una superficie de 5,5 metros de altura, 3,5 metros de amplitud y 0,9 metros de profundidad. El encargo nunca se terminó, porque el Gobierno decidió no crear un edificio separado para el museo. Las puertas se quedaron en el estudio de Rodin, quien durante treinta y siete años fue añadiendo, guitando y modificando figuras, y continuó experimentando y resolviendo problemas de composición. espacio y expresión El significado de la escultura podía también cambiar, y excepto en ciertos episodios, como el de Ugolino y el de Paolo y Francesca, la interpretación general sigue siendo bastante oscura. Los temas principales son la enajenación, la desesperación y la muerte Las tres sombras que se elevan en el dintel personifican la victoria de la Muerte (simbolizada por las tumbas situadas al fondo de las puertas, hacia las cuales ellas extienden sus brazos), y la inutilidad de las acciones del ser humano se pone de relieve en las figuras inferiores que muestran los diferentes esta dos de aislamiento a los que está condenada una persona. La escultura de Rodin expresa las posibilidades casi ilimitadas de la figura humana, transmitiendo a través de ellas las sutilezas y niveles del tormento humano. La profundidad del relieve abarca desde bajas ondulaciones llameantes, como si fueran simples irregularidades en el suelo de bronce, hasta figuras total mente tridimensionales cuyos brazos se alzan y tratan de agarrar algo, amenazando con invadir el mundo del espectador. Las diferencias de escala de las figuras significan que la composición no tiene un único punto panorámico Esto refuerza la sensación de desorientación y separación que domina todo el grupo. La composición está cortada por el gran portal como un marco de cuadro, creando la impresión de que el espacio ocupado por el mar de atormentadas figuras se extiende más allá del colosal rectángulo. Incluso algunas figuras se desbordan por en cima del marco. Este efecto visual fue desarrollado en Holanda y en Italia en el siglo XV por pintores e iluministas de libros para crear una representación más naturalista del mundo visible. En ningún otro portal monumental de la historia del arte se combinan tan enérgicamente como en Las puertas del Infierno de Rodin las propiedades del ilusionismo y del expresionismo pictórico y escultórico. Rodin realizó monumentos y retratos, tanto en mármol como en bronce, y también fue tema de controversia. Se ha acusado a Rodin, erróneamente, de no ser un verdadero maestro en el tratamiento de la piedra y de que no terminaba él mismo sus esculturas de piedra. En realidad, había trabajado la piedra desde muy joven, conocía muy bien el medio y podía manejarlo. Pero entre los escultores era costumbre emplear a talladores de piedra; el artista solía terminar él mismo la pieza de mármol (que a menudo representaba un trabajo considerable) pero otras tareas como “esbozar” (preparar un bloque de piedra para su delicado esculpido) eran trabajos que requerían mucho tiempo y en los que no era necesaria la mano del maestro, y por tanto se delegaban a sus ayudantes. La reliquia moderna.- A Rodin se le atribuye la invención de una nueva forma escultórica: el fragmento como obra de arte acabado. Esto también es una equivocación porque los fragmentos anatómicos han formado parte del arte occidental desde la Antigüedad. Ya en el siglo XIX, mucho antes de que Rodin realizara sus figuras parciales, se hicieron muy populares como obras de arte acabadas. Sin embargo, estos fragmentos célebres en el siglo XIX eran o bien detalles anatómicos de estatuas famosas, como el pie de la Venus de Medici, o fragmentos cargados de significación sentimental, como las manos unidas de Robert y Elizabeth Barret Browning, símbolo de su fidelidad marital legendaria en su propia época. Esta pieza vaciada en versiones de bronce y de escayola (la versión de escayola está actualmente coloreada) fue muy famosa y se realizaron una serie de copias. Los fragmentos de este tipo cumplían todos los requisitos de la reliquia contemporánea, y tenían menos que ver con el arte que con la devoción privada y pública. Sin embargo, el interés de Rodin por el fragmento, como por la figura parcial -El hombre caminando, por ejemplo-, residía en su capacidad de expresar algunos aspectos de la esencia de la vida humana. Para él esto era la base de la belleza. Donald Martin Reynolds.- El Siglo XIX. Ed.-. Gustavo Gili. Barcelona 1985. Págs. 42-47