SONETO LXXII / Por Miguel Ángel Buonarroti
Escrito en 1555. Aunque los manuscritos llevan, uno, un esbozo a lápiz de Cristo en el huerto (de hacia 1545) y, el otro, los trazos de un candelabro para la tumba de Julio II (de hacia 1543), por la grafía tardía y el tono espiritual del soneto, Girardi propone la fecha del inicio. No es raro, además, que Miguel Angel escribiese sus poemas en folios ya utilizados anteriormente.
En el primer cuarteto se omite un verbo: Soy o estoy.
Soneto LXXII
Cargado de importuno y grave fardo, Señor mío querido, desligado del mundo, cual frágil leño cansado vuelto a ti de la procela horrible en calma dulce. Las espinas y clavos de tus palmas tu benigno, humilde y piadoso rostro prometen la gracia del arrepentimiento, y esperanza de salvación al alma triste. No miren con justicia tus santos ojos mi pasado, ni tus oídos castos; ni obre como tal tu brazo severo. Sólo tu sangre lave y toque mis culpas, y más abunde, puesto que soy más viejo, en pronta ayuda y en perdón completo.