periodo intermedio
En la Evolución de la Pintura y la escultura en Antioquia
La escultura
Considerado el gran número de pintores que ha tenido Antioquia, la escultura no ha sido tan prolífica; la influencia europea fue evidente en Francisco A. Cano, Tobón Mejía y sus seguidores y la bachué y la mejicana en José Horacio Betancur, Jorge Marín Vieco, en Arenas Betancur, etc. Los demás intereses del modernismo vendrán luego, manifestándose en la medida del enriquecimiento y el desarrollo ambiental, que condujeron a todos los artistas hacia la experimentación.
La búsqueda es un signo de nuestro tiempo y explica por sí sola la abundancia de sondeos y manifestaciones que se extiende hasta los materiales. Vale la pena señalar el interés que mantienen los medios tradicionales, la aceptación del concreto para obras monumentales, en reemplazo del mármol, el empleo creciente del hierro y del aluminio, así como el de la fibra de vidrio y el poliéster, que se pondrán aún más de moda en las generaciones siguientes.
PEPE SALDARRIAGA (1918 - 1960) fue un escultor académico dedicado a la talla de madera, que sintió como nadie la necesidad de plasmar escenas populares, especialmente las danzas, que tuvieron en él a uno de sus más fieles intérpretes. Fue un observador cuidadoso del cuerpo humano, enriqueciéndolo con detalles anatómicos, una expresión exacta y el preciosismo de los trajes, dificultades que él salvó con técnica impecable. Por lo que hay en toda su obra, del espíritu costumbrista de Antioquia, debe renovarse el estudio sobre este olvidado artista. Son gratamente recordadas sus tallas de bulto completo que representan escenas como "El Bambuco", "El Pasillo", un paisa "Mirando la ciudad", etc.
JOSE HORACIO BETANCUR B.(1918 - 1957). Recibió su primera formación del exigente profesor Gustavo López y luego la perfecta y elegante de Carlos Gómez Castro. Vivió, además, la virulencia plástica y verbal de Pedro Nel Gómez y el eco de la grandeza de los muralistas mejicanos, mientras su sensibilidad le acercaba a las tallas de los renacentistas y barrocos españoles. El realismo y la soltura técnica, por las que se sentía atraído, es lo que hubiera encontrado en Donatello, Rodin y Bourdelle, que no conoció a tiempo y de quienes habría aprendido soluciones más modernas.
El realismo anatómico y la fuerza de Berruguete marcó definitivamente su primer período, en el que penetró en los secretos de la forma y la expresión: de él quedan el "Retrato de Plácido Vélez", en el Museo de Zea; "San Juan Bautista" y el "Retrato del escultor Gilberto Macías", etc., admirables todos por su plasticidad y fuerza expresiva.
Este barroquismo empezó a transformarse bajo los postulados del movimiento Bachué, el conocimiento de las obras de Rómulo Rozo y José Domingo Rodríguez y con las reproducciones de las obras de José Clemente Orozco. Nació así, en este escultor, el interés por los mitos de Antioquia, aplicándose a recordarlos con una pasión frenética, monumental, que le impulsaba desde el fondo de su ser, libre de compromisos. Ejecutó entonces los grupos de "El Cacique Nutibara", "La Madremonte", "Bachué" y "El Cristo de los Andes".
José Horacio Betancur es el producto de una generación de inconformes, amantes de la libertad, que creó esculturas para protestar contra la violencia y la violación de los derechos humanos. Pero aliado de esa virulencia, surgió de pronto el creador humano, bondadoso y simple, observador agudo de los animales silvestres y domésticos, cuyas esculturas y tallas son dignas del mejor animalista y no ha tenido hasta hoy un verdadero émulo.
De sus diez últimos años son las obras monumentales citadas, que ejecutó con la ayuda de su equipo de alumnos. Poseen singular vigor, acusada personalidad y una capacidad creadora indiscutible que permitía fundadas esperanzas de una madurez promisoria, desgraciada y abruptamente truncada.
RODRIGO ARENAS BETANCUR (1919). Bajo la influencia académica .de sus primeros maestros inició su formación, adquiriendo una conciencia tan clara sobre estos principios, que en ningún momento se ha alejado de ella y consecuentemente sobre ellos ha cimentado su evolución.
Después de 1944 empezó Arenas Betancur la asimilación de los artistas mejicanos, la de Rómulo Rozo y de Enrique Yáñez. Raquel Tibol dice sobre este particular que "Rómulo Rozo, radicado definitivamente en Yucatán, fue quien enseñó a Arenas Betancur la extrema simplicidad de las formas. De Ortiz Monasterio aprendió el juego simbólico de los bultos en el espacio y cierto abandono simbolista". Y agregamos, que contribuyó también a la formación definitiva de su estilo el conocimiento de las obras de Victorio Macho.
Su período mejicano señalado por obras tan coherentes como el "Cuauhtemoc" y el "Prometeo", terminó con el "Bolívar desnudo" de Pereira, con el cual se acogió nuevamente a un neoclasicismo mezclado convencionalmente con el vitalismo de Moore. A este abandono de las formas mejicanas y del juego armonioso de los volúmenes en el espacio, le siguen las realizaciones oficiales de los monumentos a "José María Córdoba" en Rionegro, los "Lanceros del Pantano de Vargas", "La Gaitana", etc., cuyos emplazamientos o bases dinámicas y modernas contrastan violentamente y son irreconciliables con sus grupos figurativos. En cambio, en el "Monumento a la Vida", hay un acierto encomiable entre las figuras allí representadas y todo el bloque dinámico.
Arenas Betancur es un artista ecléctico, exitoso, controvertido por la crítica moderna, que realiza su escultura a partir de la figura humana, los caballos, los elementos flamígeros, las banderas, estrellas, mazorcas y piñones, símbolos constantes y características de toda su obra.
HUGO MARTlNEZ (1925) aprendió escultura al lado de José Domingo Rodríguez, es un investigador incansable y "uno de los primeros que intentó salirse del arte académico", lanzándose a la aventura de indagar entre los múltiples caminos ofrecidos por el arte moderno. Poseedor de una asilimación extraordinaria y de una comprensión completa del problema plástico, se ha expresado fácilmente dentro de los nuevos conceptos artísticos; de igual modo ha profundizado en el campo técnico y empleado el mármol, la madera, el concreto y últimamente el poliéster.
Hugo Martínez es un escultor de trayectoria amplia, pero infortunadamente muy desconocida en su departamento.
Junto a José Horacio Betancur se agruparon Leonel Estrada, Oscar Rojas, Antonio Osorio, Elkin Peláez y otros artistas dispuestos a secundar al maestro en la ejecución de los grupos monumentales en que se había empeñado. Dentro de dicho equipo estaba además, HORACIO VELASQUEZ (1928), un realista duro, de técnica primitiva. Sus bronces, yesos y granitos, deshechos y ondulantes, permiten el juego de la luz que cumple en sus esculturas un papel expresivo.
De tal agrupación surgió también OSCAR ROJAS (1930), formado en el realismo monumental de la última época de José H. Betancur, pero al contrario de éste sintió la fuerza primitiva de las piedras pequeñas, que casi por si solas se convierten en figuras, aves o peces pertenecientes a creaciones muy personales suyas. El escultor, ha dicho Leonel Estrada, ha puesto su principal atención en las formas primitivas e ingenuas como para buscar un reencuentro de lo prehistórico con lo abstracto".
En la creación de Rojas prevalece el feísmo, la distorsión resumida, modelada con violencia, sin romper jamás la unidad del bloque del que siempre surge el tema, que bien puede llamarse "Eva", "La Espera", "Por protestar", "Testigo", etc., piedras y bronces de esperanza o de protesta.
Las obras del escultor contienen un rechazo voluntario, convencido y consciente de las tradiciones artísticas de occidente y prefiere hundirse en la precolombina de San Agustín, la Quimbaya, etc., ofreciéndonos después sus versiones propias, auténticas y por lo mismo válidas, de cuanto pasa en su entorno y en su ambiente.
JUSTO AROSEMENA (1929). Atento a los imperativos de su tiempo, se ha dedicado a la exploración escultórica, eligiendo para la ejecución de sus obras la chatarra, el hierro y la soldadura, elementos con los que han dado origen a ideas nuevas, simbólicas, figurativas, con el recuerdo de las de Germaine Richier y César Baldaccini. Dentro de este concepto, su creación más considerable es indudablemente, "El Cristo" monumental de El Minuto de Dios, tan discutido por su desnudez.
Sus últimas esculturas son personales y tienen el encanto mágico de las "Máscaras", sugestivas y hábilmente creadas, con sus vacíos que las integran en el espacio.
Un caso similar de urgencia escultórica es el de FERNANDO BOTERO (1932), que según anota Hernando Valencia Goelkel, "nada se ha dicho sobre el significado de las esculturas de Botero: nada sobre esa operación contable que es su valoración. Nada tampoco sobre lo que transmiten, como no sea la afirmación, en círculo vicioso, de que transmiten el mundo imaginario de Botero".
Efectivamente, en la escultura desarrolla a plenitud el sentido de las formas pictóricas que componen su mundo: mundo de formas monumentales, infladas y graciosas, llevadas ahora al bronce y al poliéster con técnica impecable.
ANTONIO OSORIO (1934) cultivó desde temprana edad el modelado, la cerámica y la escultura y como alumno de José Horacio Betancur, fue uno de los de su equipo de trabajo: Dedicado durante mucho tiempo a la cerámica, el aliento escultórico que había en él, le impulsó a dejarla, para tomar de nuevo la piedra, el marmol, el bronce y el oro, metal éste que trabaja como uno de los más reputados orfebres. Terminada su formación, ensayó efectos impresionistas que recuerdan a Medardo Rosso y luego, dentro de una sobriedad formal extremada y elegante creó obras tan hermosas como el bronce titulado "Encierro" y los "Cristos" fundidos en oro. Estas obras dotadas de fuerza expresiva lo colocan dentro de los más inspirados artistas figurativos modernos.
ROXANA MEJIA (1934), discípula de José Horacio Betancur y luego de Alicia Tafur, desarrolló una conciencia artística tal, que la hizo retornar al estudio del procedimiento técnico y al espíritu precolombino, de los que se desprende su sencillez formal, limpia de artificios. La labor creadora de Roxana, busca el mantenimiento escultórico en sus figuras y estructuraciones, el proceso de la arcilla pura y los engobes, dentro de los cuales logra la variedad de texturas que relaciona con el pasado, sirviéndose de estampados y de inc rustaciones de piezas de cerámica precolombina auténticas como en la titulada "Tierra India", ejemplo interesante de su creación.
PABLO JARAMILLO (1936) marca un rumbo nuevo a la cerámica, al extender sus posibilidades y retener su pureza ideal constructivista y los efectos cinéticos que constituyen un avance extraordinario con relación a los murales cerámicos de Antonio Osorio y Roxana Mejia.
Dentro de sus obras de ejecución meticulosa y perfecta, son notables los últimos murales a base de módulos; el de la Casa Consistorial de la Ciudad de Sonsón, con el que rindió un homenaje a la cañabrava (sunsú), tema centra su composición y además a la espiga del maiz y a la rana, que son sus complementos; el mural del edificio de El Icetex, seccional de Medellin; el de Biblioteca Pública Piloto titulado "Los Elementos" y el "Homenaje a Bolívar" en la Universidad Pontificia Bolivariana, son ejemplos con los que abre horizonte nuevo para la decoración mural.
CRISTlAN RESTREPO (1939), poseedor de una vasta cultura y una sensibilidad privilegiada, acrecentadas con los estudios en Europa y la observación de los más importantes museos del mundo, experiencias que le han permitido desarrollar una de las más admirables y prestigiosas actividades estéticas en la creación personal y en la docencia.
Los intereses del artista se centran en el mantenimiento de la tradición cerámica, afirmando que desde sus orígenes ha tenido y tiene valores inherentes a la naturaleza de sus materiales y a su vocabulario plástico. De ahí que su obra sea una exaltación permanente de las posibilidades de la forma, de los engobes, los esmaltes y las pátinas; hace además, trascender su pensamiento el dominio técnico, con el hallazgo de combinaciones acertadas de la forma por la riqueza cromática, la variedad de las texturas y las sentidas sugerencias antropomorfas que viven y se confunden discretamente en las superficies.
Piezas como "Africana", "Cepa de agraz", "Candado", "Semillas", "Dolor" tantas más, son la evidencia de un espiritu hondamente depurado y la conjunción estupenda entre el artista y la materia pronta a transformarse.
Un grupo de ceramistas de reconocido prestigio son los propulsores de esta técnica en nuestro medio; crearon ellos la llamada "escuela de ceramistas antioqueños", siendo acreedores a variados y merecidos premios en salones y exposiciones regionales y nacionales.
Entre éstos está CARLOS MARTINEZ (1922), excelente artesano, de gusto ornamental, dedicado también a la docencia en su propio taller, donde ha realizado una labor meritoria.
RODRIGO CALLEJAS inició su carrera artística en la cerámica y obtuvo en ésta éxitos dignos de tenerse en cuenta. Por su espíritu investigativo cambió esta actividad por la pintura.
También figuran en este grupo ANTONIO OSORIO, NOHEMI SANCHEZ, ROXANA MEjlA Y FRANCISCO SANCHEZ.
Después de la agitada y exitosa actividad de los precursores, sobresalen ISABEL DEL CASTILLO, infatigable en la búsqueda de efectos cromáticos a base de esmaltes y MARGARITA MUÑOZ DE C., que después de un estudio cuidadoso y de un largo trajín técnico, retornó a los engobes y a la volumetría. En sus últimas obras resuelve con acierto las perforaciones y las masas dentro de la unidad.
ANA RIVAS DE C., ha logrado prestigio nacional con sus inspiradas creaciones de modelado y acabado perfectos donde se advierte pureza lineal, belleza de engobes, volúmenes y formas escultóricas, según lo anota en su libro Cristian Restrepo C.
ARGEMIRO GOMEZ (1934), especializado en Florencia, fue el motor principal de dicha escuela y a quien se debe la aplicación y enseñanza técnica de los esmaltes, campo en el que dejó una benéfica experiencia.
En sus cerámicas prefirió las formas escultóricas, muy ostensible y marcada en una de sus piezas llamada "El Toro", admirable por la factura y la fuerza orgánica que posee.