SONETO LXXIX/Por Miguel Ángel Buonarroti
Escrito a finales de 1556 o 1557. Es respuesta a otro soneto que le enviara su amigo el arzobispo de Ragusa, Ludovico Beccadelli en febrero de 1556. En él el prelado lamentaba el mucho tiempo que no se veían, tras haber partido él, antes de Ragusa, a Viena. Pero --dice-- tal vez el sacrificio de nuestra separación nos valga el cielo.
Urbino es el nombre de un criado de Miguel Ángel, a quien éste quiso singularnente. Le sirvió durante veintiséis años. Y había muerto el 3 de diciembre de 1555.
SONETO LXXIX
Por gracia y cruz y por penas diversas,
seguro, monseñor, que en el cielo estaremos;
mas antes del extremo y último aliento,
gozar nuestra amistad me gustaría bien.
Si un áspero camino con montes y con mar
lejos el uno al otro nos tiene, él espíritu y la gana
obstáculos no curan de hielo o nieve,
ni el ala del pensamiento de lazos o cadenas.
Por lo que con él siempre estoy con vos,
y lloro y hablo de mi muerto Urbino,
que quizá de vivir allí estaría conmigo,
tal como se pensó. Su muerte pues
me lleva y apresura por otro camino,
donde me está esperando para morar con él.