GABO y PEVSNER: EL CONSTRUCTIVISMO

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Los hermanos escultores Naum Gabo, de treinta años, y Anton Pevsner, de treinta y cuatro, han decidido reconstruir el arte sobre unas bases completamente nuevas, de acuerdo con la sociedad en la que hoy vivimos. En su opinión, ni siquiera el cubismo ni el futurismo rompen verdaderamente con el pasado. El extracto que ofrecemos a continuación es la parte central de su Manifiesto realista, impreso en Moscú el 5 de agosto por la  Imprenta Estatal. Como podrá comprobar el lector, es un himno apasionado a la ciencia y a la tecnología.

Proclamamos: para nosotros espacio y el tiempo han nacido hoy. El espacio y el tiempo son las únicas formas en las que se edifica la vida, luego, las únicas formas en que debería edificarse el arte.

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Los Estados, los sistemas políticos y económicos mueren con el empuje de los siglos; las ideas se desmoronan, pero la vida es robusta; crece y no puede ser arrancada, y el tiempo es continuo en su duración real. ¿Quién nos mostrará formas más eficaces? ¿Qué gran hombre nos proporcionará cimientos más sólidos? ¿Qué genio concebirá para nosotros leyenda más embriagadora que este relato prosaico que se llama la vida?

La realización de nuestras percepciones del mundo bajo las condiciones del espacio y el tiempo es el único objetivo de nuestra creación plástica.

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Y no medimos nuestras obras con el metro de la belleza, no las pesamos con las balanzas de la ternura y el sentimiento. Con la plomada en la mano, la mirada precisa como una regla y el espíritu rígido como un compás, construimos nuestra obra como el universo construye la suya, el ingeniero un puente, el matemático sus fórmulas. Sabemos que cada objeto tiene su propia imagen. Una silla, una mesa, una lámpara, un teléfono, un libro, una casa, un hombre son otros tantos universos enteros con sus ritmos propios, sus órbitas particulares. Ésta es la razón por la que cuando representamos los objetos, arrancamos las etiquetas de sus poseedores, todo lo que es accidental y local, dejándoles tan sólo su esencia y su permanencia, para manifestar el ritmo de las fuerzas que se esconden en ellos.

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l. Repudiamos en la pintura el color como elemento pictórico. El color es la imagen idealizada y óptica de los objetos. La impresión exterior es superficial. El color es accidental y no tiene nada en común con el contenido interno de los cuerpos. Proclamamos que el tono de los cuerpos, o sea la sustancia material que absorbe la luz, es la única realidad pictórica.

2. Rechazamos en la línea su valor gráfico. En la vida real de los cuerpos no hay grafía. La línea únicamente es un trazo accidental que el hombre deja sobre los objetos. No tiene vínculo con la vida esencial y la estructura permanente de las cosas. La línea es un elemento puramente gráfico, ilustrativo y decorativo. Sólo reivindicamos la línea como dirección de las fuerzas estáticas escondidas en los objetos, y de sus ritmos.

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3. Negamos el volumen como forma plástica del espacio. Ya no se puede medir el espacio en volúmenes de la misma manera que no se puede medir un líquido en metros. Consideren nuestro espacio real: ¿qué es, sino una profundidad continua? Proclamamos la profundidad como única forma plástica del espacio.

4. Negamos, en la escultura, la masa como elemento escultórico. Ningún ingeniero ignora que las fuerzas estáticas de los sólidos, su resistencia material, no son función de su masa. Ejemplo: el riel, el contrafuerte, la viga, etc. Pero vosotros, escultores de cualquier tendencia y de cualquier matiz, seguís aferrándoos al prejuicio secular que juzga imposible liberar el volumen de la masa. Esto es: tomamos cuatro planos y de elios hacemos el mismo volumen que haríamos con una masa de cien kilos. Por este medio restituimos a la escultura la línea como dirección, lo que un prejuicio secular le había arrebatado. Con este recurso afirmamos en ella la profundidad, única forma del espacio.

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5. Repudiamos el error milenario heredado del arte egipcio que veía en los ritmos estáticos los únicos elementos de la creación plástica.

Proclamamos en las artes plásticas un elemento nuevo: los ritmos cinéticos, formas esenciales de nuestra percepción del tiempo real.

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Tales son los cinco principios inmutables de nuestra creación y de nuestra técnica constructivista.

En plazas y calles anunciamos a los hombres de hoy nuestro mensaje; en plazas y calles publicamos nuestra obra, convencidos de que el arte no puede no debe seguir siendo el refugio de los ociosos consuelo de aquellos que están cansados, la justificacion de los perezosos. El arte está llamado a acompañar ,al hombre allá donde transcurre y actúa su vida infatigable: en la mesa de trabajo, en la oficina, en la labor, en el descanso y en el ocio; en los días laborables  y en los festivos, en la casa y en la carretera, para que la llama de la vida no se apague en el hombre.

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