Immanuel Kant

Crítica del juícío, 1, 2, 48, 1790

Una belleza de la naturaleza es una cosa bella; la belleza artística es Una bella representacIón de una cosa. Para juzgar una belleza de la naturaleza como tal no necesito tener con anterioridad un concepto de la clase de cosa que el objeto deba ser, es decir, no necesito conocer la finalidad material (el fin), sino que la mera forma, sin conocimiento del fin, place por sí misma en el juicio. Pero cuando el objeto es dado como un producto del arte, y como tal debe ser declarado bello, debe entonces, ante todo, ponerse a su base un concepto de lo que deba ser la cosa, porque el arte siempre presupone un fin en la causa (y en su causalidad) y como la concordancia mutua de lo diverso en una cosa, con una determinación interior de ella como fin, , es la perfección de la cosa, deberá tenerse en cuenta en el juicio de la belleza artística también la perfección de la cosa, la cual no es cuestión en el juicio de una belleza natural (como tal). Es cierto que, principalmente en el juicio de los objetos animados en la naturaleza, verbigracia, del hombre o de un caballo, se toma en consideración generalmente la finalidad objetiva, para juzgar de la belleza de los mismos; pero entonces el juicio no es ya un juicio puro estético, es decir, un juicio de gusto; la naturaleza no es ya juzgada como con apariencia de arte, sino en cuanto realmente es un arte (aunque arte superhumano), y el juicio teleológico sirve de fundamento y de condición al estético, teniendo este que tomar aquel en consideración. En tal caso, verbigracia, cuando se dice «Esa es una mujer bella», no se piensa, en realidad, otra cosa sino que la naturaleza representa bellamente en su figura los fines en el edificio femenino, pues además de la mera forma, hay que mirar más allá a un concepto, para que el objeto, de ese modo, sea pensado por medio d8 un juicio estético lógicamente condicionado. El arte bello muestra precisamente su excelencia en que describe como bellas cosas que en la naturaleza serían feas o desagradables. Las furias, enfermedades, devastaciones de la guerra, etcétera, pueden ser descritas como males muy bellamente, y hasta representadas en cuadros; solo una clase de fealdad no puede ser representada conforme a la naturaleza sin echar por tierra toda satisfacción estética y, por lo tanto, toda belleza artística, y es, a saber, la que despierta asco, pues como en esa extraña sensación, que descansa en una pura figuración fantástica, el objeto es representado como si, por decirlo así, nos apremiara para gustarlo, oponiéndonos nosotros a ello con violencia, la representación del objeto por el arte no se distingue ya, en nuestra sensación de la naturaleza, de ese objeto mismo, y entonces no puede ya ser tenida por bella.