- El Museo de Navarra dedica una gran exposición al artista de origen lituano – La muestra recoge la trayectoria del artista (1891-1973) con bocetos, estudios e ideas dibujadas a lo largo del siglo XX – La mayor parte de los dibujos estuvieron guardados en una carpeta desde su muerte hasta el año 2006
Joie de vivre (alegría de vivir) es una serie de piezas que hizo Jacques Lipchitz al salir del cubismo, en los años 20, y el Árbol de la vida, los estudios para una obra monumental que no pudo terminar en vida en Jerusalén, en 1972. Son las dos referencias que enmarcan la exposición que inauguró ayer el Museo de Navarra sobre el artista de origen lituano, uno de los más grandes del siglo XX.
La muestra incluye 153 obras en papel, de las que 132 son dibujos y 21 grabados de la Fundación Jacques & Yula Lipchitz de Nueva York, además de 11 esculturas de la galería Marlborough Internacional. La mayor parte de los dibujos, curiosamente, estuvieron guardados desde su muerte hasta 2006 en una gran carpeta. Otros han aparecido en distintas cajas encontradas en el verano de 2008, en la zona del taller del artista en Hastings-on-Hudson.
Además de los dibujos hay trazos de ideas rápidas o bocetos de esculturas hechos en sobres de cartas o en el primer papel que el artista encontraba a mano. “En esta exposición se puede hacer un recorrido por el pensamiento del autor”, señaló el consejero de Cultura y Turismo, Juan Ramón Corpas.
En realidad son dibujos de escultor, “está pensando siempre en las tres dimensiones, los dibujos explican muy bien cómo se llega a esas formas”, explicó el comisario de la muestra, Kosme de Barañano.
Obras “de cámara”
De Barañano, catedrático de Historia del Arte y autor de los textos del catálogo, comparó la exposición con la música de cámara, no sinfónica, algo íntimo que intenta ver las etapas del escultor. En todas ellas, además, hay temas recurrentes, que aparecen 20 ó 30 años después, “temas que están reformulándose siempre en la cabeza del artista”.
Lipchitz (1891-1973)pasó en cinco años de la maternidad, tradición que viene desde el gótico, a la bailarina, al cubismo y a la figura de una mujer compuesta en diferentes planos que casi parece abstracta. Junto con Picasso y Laurens formuló las bases del vocabulario cubista en la escultura y años después contribuyó a su ruptura con una concepción más arquitectónica, con cabezas huecas, transparentes, que abren el camino a Henry Moore o Julio González años después. Lipchitz mezcla figuración y abstracción.
“El vocabulario del artista va derivando a una figuración que mezcla los temas bíblicos (tanto de lectura judía como de la cristiana) con los temas mitológicos (tanto griegos como romanos), a la vez que lo mezcla con un mensaje social”, dice el comisario, quien se refirió a él como un “escultor de escultores”, dice Barañano en el catálogo.
El artista, que emigró a París en 1909 y con la ocupación alemana escapó en 1941 a Estados Unidos (recaló en España en 1914) triunfó allí porque esas cabezas que iba esculpiendo le pedían el gran tamaño de doce metros y magnitudes de ese tipo. “Estados Unidos le da esa chance”, dijo Barañano. Por ejemplo delante de la Facultad de Derecho de Nueva York tiene una obra de 17 metros.
Al hijo de Lipchitz, Hanno Mott, le ayudó a decidirse por esta exposición en el Museo de Navarra el acervo histórico de arte judío de Pamplona y Tudela. Mott agradeció ayer en nombre de la familia la exposición “por el trasfondo cultural que tiene Pamplona”. El comisario situó al artista entre los siete grandes escultores del pasado siglo. Tiene obra en los principales museos del mundo.
+ Jacques Lipchitz. De joie de vivre al árbol de la vida. Museo de Navarra. Hasta el 21 de febrero. De martes a sábado, de 9.30 a 14 y de 17 a 19 horas. Domingos y festivos, de 11 a 14 horas. Lunes, cerrado.









