Paseaba el otro día por ese inmenso “bosque de arte” que es el Metropolitan Museum de Nueva York, algo aturdido ya por tanta belleza, cuando me di casi de bruces con la escultura que se muestra en las fotografías. Debo decir que no conocía esta obra, titulada “la friolera” (1787), aunque sí recordaba a su autor, el francés Jean-Antoine Houdon (1741-1828), un artista de esos llamados “menores” y que podemos calificar como el escultor de los ilustrados, ya que entre su producción encontramos numerosos retratos de personajes de primera importancia en el Siglo de las Luces europeo, tales como Voltaire o Diderot, y también de algunos revolucionarios norteamericanos, como Franklin o Washington.
En verdad, nunca me ha atraido especialmente este autor, quizás porque algunas de sus obras me recuerdan inexorablemente a los libros de historia de mi adolescencia, en los que aparecían algunos de esos personajes, siempre en blanco y negro y con malísimas reproducciones. Pero ahora tenía ante mí una escultura femenina en bronce, sorprendida en una actitud bien atrayente al curioso: la de una joven casi desnuda, que trata de resguardarse del frío con el escaso velo que cubre la parte superior de su cuerpo, al tiempo que éste se encoge, tratando de conseguir algo de calor. La cabeza mira al suelo y en verdad poco importa su rostro, porque la figura es claramente la pesonificación del invierno; del mismo frío en definitiva. En resumen, un instante de vida cotidiana, de suma belleza, y de la mano de un autor del que no lo hubiese esperado.
Regreso a casa e indago un poco sobre el autor y sobre el tema aquí comentado. Resulta que Houdon pareció sentir una cierta predilección por el desnudo femenino y que, entre otros ejemplos, realizó también una escultura en mármol (en este caso, de 1783), prácticamente idéntica a la que comentamos, conservada en el Museo de Montpellier y que sirvió de evidente modelo a la del Metropolitan. Pero aún hay más. Unos años después, el artista retoma el tema y esculpe, esta vez en una terracota de pequeño tamaño, el mismo motivo con algunas variaciones. En fin, Houdon pasa por ser un claro ejemplo de la escultura neoclasicista, pero en esta ocasión la actitud del personaje femenino y su movimiento (que delata claramente el frío que la embarga), ese intimismo que irradian, sitúan a estas obras más cerca de los postulados del primer romanticismo que de la pura lógica del neoclásico. En arte, como casi siempre, dos y dos nunca suman cuatro. Así pasa también en la vida: cuando esta “friolera” atrajo mi atención, en Nueva York hacía un calor insoportable.
Visitad esta galería virtual que nos muestra 51 obras de Houdon y leed más sobre él en la Wikipedia francesa.
fuente: http://aprendersociales.blogspot.com/2007/08/jean-antoine-houdon.html












