por Rosa Olivares
La mayoría de los que saben que existe la crítica de arte se preguntan para qué sirve, a lo que algunos responden: a) para nada; b) para halagar el ego de artistas, galeristas, etc.; c) para ganarse a los contratantes, por ejemplo instituciones (a la hora de comisariados), o galerías y/o artistas (textos de catálogos). Sin embargo, la crítica no sólo existe, sino que hay varias asociaciones funcionando, en un letargo más o menos silencioso, y una de ellas ha aprovechado ARCO para dar a conocer un sucinto e igualmente anodino “código deontológico” que se resume a sí mismo en una frase: hay que ser buenos. Es decir, que hay que ser libre e independiente, argumentar lo que se escribe, basarse en unos conocimientos científicos (que yo supiera el arte no era una ciencia), hay que ser respetuoso hacia todo el mundo, ayudar a los jóvenes, “no subordinará sus juicios u opiniones a los intereses económicos políticos, etc.”; el crítico debe ser honesto, estar informado, se debe llevar bien con sus colegas de profesión, y compartir sus conocimientos y su experiencia personal (¡ja y ja!); debe ser respetuoso con los artistas y, finalmente, puede decir que no a un encargo.
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