Archive for the 'Sobre el Arte' Category

El artista

por Rosa Olivares

Exit Express, Revista de Información y debate sobre arte actual nº 31

Hace unos años leía en un libro americano de dudosa traducción que los licenciados en Bellas Artes, sólo en Nueva York en un año, eran más que todos los artistas que conocemos del Renacimiento italiano. En una conversación, hace unos días, un joven crítico me comentaba lo difícil que era elegir entre la gran cantidad de artistas que hay hoy en día, “si en la época de Greenberg había 600 artistas en Nueva York, hoy se puede hablar de un millón”. Como siempre, parece que todo sucede en Nueva York, tanto en los libros americanos como en la crítica española. Pero la realidad es que si transpolamos los datos neoyorquinos a los del Estado español la situación final viene a ser similar. En cualquier caso, da igual, no veo la necesidad de acotar un territorio para el arte y/o los artistas. Se dice que “el artista”, hoy, es cosmopolita: nace en Dubai, se forma en Londres, vive en Nueva York y trabaja en Berlín; las vacaciones tal vez sean en Ibiza.

La abundancia de artistas debería ser una satisfacción, significaría un auge desmesurado de obras de arte (la enorme oferta haría incluso que los precios bajasen…), de grandes colecciones, de excelentes exposiciones… Sin embargo, sorprendentemente, esto no es así. Curiosamente, a mayor cantidad menor calidad. Esta superabundancia en la que nos ahogamos deja tras de sí una debilidad de propuestas patética: copia sistemática, frivolidad de planteamientos, efectismo teatral, y ansiedad desmedida por triunfar, no tanto por hacer una gran obra. Una vez más habrá que plantearse quién es un artista y quién un artesano, incluso quién un diletante; tal vez habrá que ver qué es el arte, más allá de la belleza, la decoración, el discurso pseudofilosófico o la coyuntura mercantil. Leonel Moura planteaba hace tiempo que la idea de artista tiene que cambiar, que no basta con hacer un objeto dentro de unos determinados esquemas teóricos o formales, sino que artista debería ser aquel que aportara algo nuevo, diferente, personal a lo ya creado, a lo ya dicho. Si aplicamos este planteamiento, el número de “artistas” censados baja de una manera impresionante pero, ¿quién se lo dice al artista?

¿Todo lo que produce alguien autodenominado artista es arte? Es difícil decir que sí, pero tampoco es fácil saber qué es lo que no es arte, sobre todo en un momento en que una vaca cortada por la mitad, el vapor de los fluidos corporales, o una señora gritando “This is so contemporary” se consideran algunas de las demostraciones plásticas más destacadas del momento. Si el arte se define no por el objeto artístico, el producto final de todo el proceso creativo, sino por las ideas que lo generan, entonces ya no hay límites: todo puede ser arte y por lo tanto, nada sería arte. Igualmente, si hay tantos artistas como ciudadanos, la idea de artista se devaluaría aún más. Estamos llenos de dudas, y tal vez esa sensación de falta absoluta de certezas sea un buen punto de partida para reconducir una situación que se nos escapa de las manos. A todos, aquí y en Nueva York.

http://www.revistasculturales.com/articulos/108/exit-express-revista-de-informacion-y-debate-sobre-arte-actual/801/1/el-artista.html 

Ante la imposibilidad de eliminar las imágenes…

 Por Guillermo García

 

 Establecer la diferencia absoluta entre la verdad y la falsedad de la imagen es una tarea que se antoja imposible. La imagen intermediaria entre el hombre y la naturaleza, es a la vez objeto de adoración e ira. Sobre ella se han levantado imperios ideológicos, como el Egipcio, el Vaticano, o los Talibanes, por nombrar a los que tengo más presentes, y se han creado las obras más sublimes del genio humano, la Esfinge, los frescos de la Capilla Sistina, el Acorazado Potemkin.

 Para el idólatra y el iconoclasta la imagen es la justificación de su existencia. Quizá no podemos saber qué sería de un mundo sin imágenes pero tampoco podemos siquiera empezar a describir en palabras lo que es un mundo inundado de imágenes como el que vivimos en la actualidad.

 Los pragmáticos podrían vivir sin las imágenes del arte, pero no sin el papel moneda, imagen del valor económico en el cual se tasa la vida humana en la era del Capitalismo. Los científicos dependen de la objetividad de la imagen para sustentar verdades y descubrimientos. La relatividad encuentra en la imagen artística el mejor recurso para hacerse palpable. La imagen nos da acceso a la Verdad, la Belleza, Dios, la Naturaleza, el Universo, y es por eso que el hombre es impensable sin imágenes. El pensamiento funciona con imágenes antes que con palabras.

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Arte y Locura

Arte y Locura (imagenes de la verdad) 

escrito por Ramón Ángel Acevedo Arce

Durante mi juventud, un primo cercano, que oficiaba para mis adentros como un hermano mayor, me advertía constantemente sobre un ‘juego” que debía aprender a jugar: “no puedes decirle a la gente lo que realmente sientes y piensas, sino lo que ellos quieren oír“, argumentaba con fervor. Con el tiempo, él se había convertido en un avezado conocedor de las leyes que rigen el funcionamiento eficaz y productivo de los hombres en la norma social. En tanto yo, que no había pasado de los primeros rudimentos, ajeno en ese mundo, acabaría encontrando mi refugio en el reino solitario de la ensoñación. Si he comenzado estas notas refiriendo este recuerdo que puede parecer baladí, es porque ilustra de manera cabal la posición del artista (y también del loco) en el mundo moderno.

En efecto, en nuestras sociedades pragmáticas, racionales y eficaces, todo pareciera estar estructurado para obligarnos, tácita o explícitamente, a seguir el juego del equilibrio y de los consensos. La comunidad nos califica de “cuerdos” o “sensatos” cuando participamos de ese juego, y de “locos” cuando, de plano y por entero, nos negamos a jugarlo. El hombre llamará “equilibrio”, entonces, a ese malabarismo secreto y gregario que se ve obligado a realizar diariamente para no caerse al pozo negro de la locura.

Todos aquellos que se aventuran a descender al depósito profundo de los grandes sueños (ese que Jung llamó el “inconsciente colectivo “) se ven expuestos a ser objeto de exclusión bajo la etiqueta de “locura”, a menos, claro está, que sean considerados artistas o chamanes. Es más, cualquiera que se digne a cultivar sus propios desacuerdos con los demás, o manifieste un comportamiento suficientemente individual o antisocial, podrá ser estigmatizado con ese mismo sambenito. Y es que la locura, en rigor, es un concepto que fija los límites respecto a lo que al hombre le está permitido. Mientras que durante la Edad Media el “loco” fue considerado un personaje sagrado, ya en el Siglo de las Luces, bajo el prisma de la razón triunfante, la locura representará el pecado de lo distinto y de la inutilidad social; será expuesta, por tanto, a la sanción.

En su definición moderna, el “loco” designa al hombre que -anonadado por los símbolos de lo inconsciente- ha rehusado vivir en el mecanismo de la norma y en el principio de la realidad. El artista, en tanto, huirá igualmente de la realidad del mundo circundante para encontrar asilo en su inconsciente y su imaginación. El gran poeta alemán Hölderlin, por ejemplo, en una de sus cartas expresaba: “temo demasiado la trivialidad y la rutina de la vida real”. Lo que hay de común, pues, entre el arte y la locura, es el desgarramiento del hombre experimentado ante lo implacable de la realidad. Por supuesto, la sociedad no aplica el mismo tratamiento para uno que para la otra. Mientras el “loco” carece absolutamente de aceptación social (dado que no sólo hiede y viste mal, sino que emite mensajes y palabras ininteligibles para el sentido común), el artista, en el mejor de los casos, será congratulado, puesto que del manantial de los grandes sueños regresa con mensajes orlados con el brillo de la estética resplandeciente, y de los valores predominantes que son convalidados por la mayoría.

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Arte Contemporáneo: ¿sigue siendo arte?

“El arte de hoy rompe con los paradigmas que antes lo definían. No sólo ya no se divide en disciplinas, sino que ya no inventa nada”

por Gabriela Gorches

Ya sea que estemos o no de acuerdo con el rumbo que ha tomado, es evidente que el concepto de “arte” es otro desde aquel día no tan lejano en que el mingitorio de Marcel Duchamp demostró que cualquier objeto fuera de su contexto puede ser percibido de manera distinta. Por su parte, la posibilidad de reproducir en serie la calidad de una obra artística, y la de registrar cualquier fragmento de vida en una secuencia fotográfica o en formatos audiovisuales, han continuado con la labor de mutación a nivel sensorial; la percepción se ha adecuado a la presencia masiva —e invasora— de todo tipo de estímulos.

Paso a paso, de una manera natural, el lenguaje y los recursos del arte, los medios y la publicidad se han ido mezclando. Sin embargo, el hombre transformado, el artista que se gestó a raíz de todos estos cambios, parece seguir siendo el mismo: su quehacer está relacionado con romper paradigmas, con el uso y fabricación de nuevas formas de comunicar.

No cabe duda que la imaginación creadora es producto de su entorno, por ello cada época gesta sus propios artistas. Pero también la tecnología pertenece a un momento específico, y es de la combinación de estos dos factores, artífices y recursos materiales disponibles, de donde provienen el tipo de representaciones características de cada tiempo.

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Arte degenerado o vanguardia

Por Esteban Castillo

Cuando hablamos de arte, hablamos de libertad, ya que en un Estado sin libertad el arte y los artistas padecen, se deprimen, se retiran, se suicidan, o emigran hacia otros lugares donde si puedan expresarse.
Cuando no hay libertad para crear, el arte se asusta y la creación se hace subterránea o desaparece.

Hablar de países donde el Estado, ha sido grave para la creación son algunos que nosotros conocemos como de la desaparecida Unión Soviética y de la Alemania nazi.Había al comienzo del siglo XX y unos años antes de la Revolución Rusa, un gran interés por el desarrollo de movimientos de vanguardia y los primeros años, los artistas trabajaron con entusiasmo, nacieron grandes movimientos pictóricos como lo son: el constructivismo, rayonismo, suprematismo y otros movimientos que nutrieron la escultura, el diseño industrial, la tipografía, la danza, el teatro, el cine y la literatura. Los trabajos escultóricos de Pewsner y de Naun Gabo utilizando electricidad para lograr movimiento. Se utilizaron nuevos materiales: plásticos, aceros y otros, que dieron así, una nueva concepción al arte plástico. Con la llegada de Stalin al poder las cosas cambiaron, los artistas debían estar al servicio de la revolución y trabajar dentro de una pintura y escultura tradicional llamada: el Realismo Socialista y por el culto a la personalidad pintando o esculpiendo los retratos de Lenín y Stalín y temas que representaran a los obreros y al campesinado..
Los verdaderos creadores o bien se retiraron o dejaron de crear y otros fueron encarcelados o emigraron a Europa Occidental o, a los Estados Unidos, entre ellos: Wassily Kandisky, mientras Kasimir Malevitch se apartaba de la pintura moderna y volvía a realizar una obra algo figurativa, dejando a un lado el supremátismo y las obras “Cuadrado negro sobre fondo Blanco”(1913) o Cuadrado blanco sobre fondo blanco”(1918) obras que más tarde fueron puestas al margen del movimiento artístico, pero que serán determinante en el arte moderno…… o Vladimir Tatlin, quien se dedicó al diseño de ropas para los obreros, dejando a un lado su obra plástica, fue uno de los primeros en utilizar materiales extra-pictóricos. En los últimos años del eclipsado régimen muchas exposiciones de arte moderno fueron cerradas con buldózer… arte y totalitarismo no se llevan bien…

Con el título de “Arte Degenerado” el nazismo mostró las obras de los grandes creadores del siglo XIX a comienzo del siglo XX, como lo son: Vicent Van Gogh, Marc Chagal, Picasso, Klee, Kandisky, y muchos otros. También se cerró en 1933 la Bauhaus, Escuela de artes y de arquitectura. Algunos cuadros fueron quemados( auto de Fe) y pasó lo mismo con la música de algunos compositores… muchos artistas emigraron a los Estados Unidos.

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Arte que perturba. La Belleza en entredicho

Por Ramón Almela. Doctor en Artes Visuales

Durante una clase de Teoría de la Imagen mostraba sin comentar una fotografía de la serie “La morgue” de Andrés Serrano donde aparece la cara de un niño pequeño recostado, semicubierto despidiendo un halo angelical. Observaba el rostro de un estudiante contemplando esta imagen serena y bella, envuelto en un sentir sublime, hasta cuando señalé que era el cadáver de una pequeña criatura. Su cara se transfiguró mostrando un gesto perturbador.

May Zindel, Mtra. en Estética, (Polémica y debate sobre Arte y Estética de la UAP) acaba de publicar su libro “Imágenes que perturban” (Ed. BUAP, Puebla 2008; ISBN 9789689182962) donde establece las bases para incluir la categoría estética “Lo perturbador” como parámetro de análisis en las obras de arte contemporáneo. Añade “Lo nuevo” junto a “Lo sublime” como medida de la contribución plástica de una obra de arte.

La polémica sobre lo que determina que una obra de arte sea arte precisa de nuevos planteamientos según las estrategias artísticas se modifican. La teoría del arte ha tomado posturas que van desde fijar las propiedades intrínsecas de los objetos creados como arte en teorías que despliegan las cualidades estéticas, hasta posturas de actitud relacional como las que propugnan la definición del arte cuando se ajusta a una narrativa coherente vinculada a obras del pasadoestablecidas como arte. Pero el reto del arte actual con sus rupturas precisa abrir la concepción de cómo se alcanza el estatuto de obra de arte. La Teoría Institucional de George Dickie afirma que es la situación de un artefacto dentro de una red de prácticas y relaciones del mundo del arte la que define el arte. Es decir, si se habla, se escribe o se contempla como arte, es arte. Ninguna de estas teorías por sí sola logra una satisfactoria respuesta a las cualidades de una obra de arte desde la realidad tras-histórica de las producciones visuales del hombre, lo que obliga a una más amplia concepción híbrida.

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Lo monstruoso en el arte

Por Adolfo Vásquez Rocca

Muchos creadores, a lo largo de la historia, se han sumergido en un ámbito oscuro y trasgresor; las pinturas negras y la trágica serie “Los desastres de la guerra”, de Goya; los seres metamorfoseados y devorados en un violento acto sexual de Picasso; el mundo oscuro y árido dibujado por A. Kubin; Francis Bacon, a través de desnudos deformes e incoherentes, sangrientos y deshuesados; el mundo caótico y viscoso de David Lynch con criaturas que fluctúan cambiando su anatomía, amorfas y monstruosas (Eraserhead).
Tod Browning, que presenta un circo repleto de seres con deformaciones espeluznantes que la misma naturaleza ha creado (Freaks).

Lo extremo, lo abyecto, lo grotesco y lo monstruoso, son características que muchos artistas han izado como bandera de su trabajo.
A través de la categoría de lo abyecto o lo monstruoso el artista muestra la vulnerabilidad de la condición humana, no solamente para recrearse en lo deforme y monstruoso, sino para instalarse en el reconocimiento de nuestros primarios impulsos tanáticos, de nuestra condición predadora y autodestructiva, tan difícil de aceptar para una humanidad que aun coquetea con su narcisismo primario. Fueron pues numerosas las desafiantes propuestas ante las cuales se cerró los ojos. Durante mucho tiempo la humanidad apartó la vista ante lo que le desagradaba, frente al reflejo de su propia condición. Volviéndose sólo atenta a las ironías que podían surgir de una cruza incestuosa entre la lectura tendenciosa de la historia del holocausto y las acciones de arte que representándolo lo denunciaban.

Si queremos ser lectores de mala fe, preguntémonos heurísticamente ¿qué fueron los experimentos médicos con presos, las mutilaciones, los ensayos de metamorfosis en los campos de exterminio nazi, sino expresiones avanzadas de lo que hoy conocemos como “body-art”? O, si el exterminio masivo de reclusos en las cámaras de gas, donde muchos morían de asfixia por aplastamiento antes que se liberara el gas letal, ¿No fue acaso sólo un “happenning” equívoco y macabro, cuyo sentido sólo comprendemos plenamente después de conocer las experiencias californianas de los ‘60? Pero qué duda cabe, las manifestaciones dadaístas, surrealistas y situacionistas, comparadas con la “poesía” hitleriana, fueron un simple arrebato neorromántico. Una pálida denuncia del horror.

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Para pensar

Según Kandinsky:

El “buen” dibujo es aquel que no puede ser alterado en absoluto sin que se destruya su vida interior, independientemente de que el dibujo contradiga a la anatomía, a la botánica o a cualquier otra ciencia. No se trata de que el artista contravenga una forma externa (por lo tanto casual) sino de que el artista necesite o no esa forma tal como existe exteriormente…
El artista debe “educarse” y ahondar en su propia alma, cuidarla y desarrollarla para que su talento externo tenga algo que vestir y no sea como el guante perdido de una mano desconocida, un simulacro de mano, sin sentido y vacía.

El mercado y la disolución 
del artecontemporáneo

Por Gabriel Cocimano

La ironía del arte contemporáneo radica en que, cuanto más el mercado ha logrado posar sus ojos en él, más parece extinguirse por exceso de trivialidad, conformismo y carencia de seducción, diluyéndose en unas reglas que no son las del artista sino las que rigen los vaivenes de la demanda. Ese artista ha perdido soberanía y vitalidad, y se ha convertido en sujeto dependiente de la avidez de un coleccionismo oscuro y de la insaciable voracidad del mercado.

Al coleccionista tradicional se le han sumado nuevos mecenas provenientes del mundo financiero, lo que acaso logre explicar la desmesurada burbuja internacional de los valores del arte. La expansión económica del sector financiero, su disponibilidad de dinero en busca de posibles inversiones alternativas, la escasez de obras de grandes artistas clásicos, que hacen elevar los valores de los contemporáneos, y la avidez por el arte de nuevos consumidores —entre los que se encuentran infinidad de magnates de diverso origen— han hecho disparar al infinito la cotización de las obras. Por todas partes proliferan galerías, nuevos museos, bienales, colecciones, ferias. El arte, ¿está de remate?, ¿o son los coletazos que anteceden a su extinción?

La fascinación que ejerce el arte en algunos sectores remite a un cierto tipo de esnobismo, a ratificar un status socioeconómico, a sentar un prestigio más producto del poderío financiero que de la condición de consumidor cultural. Es una lógica de la banalidad, de la fatuidad que vacía el sentido del arte y cosifica su esencia, y la del artista. Lo que no es banal es la cantidad de dinero que circula en su entorno institucional, y que acaso haga perder por un instante el sentido de esa fatuidad.

La sensación de que la globalización del mercado del arte recorta subjetividades y principios del artista está ligada a la inserción de la producción artística en ese mercado. La multiplicación de encuentros artísticos celebrados periódicamente en diferentes ciudades del mundo —afirma la crítica de arte Andrea Giunta— e inicialmente vinculados a la representación de las naciones se liga, cada vez más, a la figura del «curador»: no son ya los países los que envían a los representantes de su arte sino que son, precisamente, estos curadores, deslocalizados de las naciones, los que definen las listas de «artistas-participantes-invitados». Es lo que convierte a las bienales en espacios de negociación de agendas, representaciones, mercados y prestigios del capital artístico global. El artista bienalizado es, así, el cosmopolita, absorbido por la globalización del mercado.

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del artecontemporáneo’

Pintura y escultura. Espacio y volumen


Por Begoña Fernández Cabaleiro

La exposición del pintor Romeo Niram, Brancusi: E=mc2, tiene como idea fundamental establecer una relación entre el pensamiento de Einstein y la obra del escultor Brancusi. Niram traduce esta relación y la consiguiente escultura de Brancusi a pintura.

El planteamiento de la obra de Niram me llevó a introducir su obra a través de un anális —somero— del concepto de espacio en la pintura occidental y su traducción a volumen en la escultura de cada periodo.

La pintura se ha desarrollado tradicionalmente sobre una superficie plana. Con el paso del tiempo, sin embargo, y siguiendo los datos que la ciencia iba aportando sobre el concepto de espacio, los artistas fueron cambiando su técnica de ejecución y llegaron a crear el efecto de tridimensionalidad sobre superficies bidimensionales. A partir de ahí, los experimentos e innovaciones fueron constantes. Igualmente, la traducción a escultura de las formas de cada etapa planteó sus propios problemas. Poniendo en contacto el pasado y la contemporaneidad se puede analizar cada momento con sus problemas característicos.

«En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide, 
dibujar es hermoso y tremendo».
«La escultura debe dar la cara, estar atenta a todo lo que 
alrededor de ella se mueve y la hace viva» [1].

La pintura ha acompañado al hombre casi desde sus orígenes. Muy pronto apareció también la tendencia a modelar figuras. Una se caracterizó por un desarrollo en superficie. La otra a través de la materia y el volumen. La superficie pictórica ha sido tradicionalmente plana. No obstante, el desarrollo de la pintura en el tiempo llevó al deseo de superar la planitud del soporte pictórico, muro, pared o lienzo. Del simple efecto bidimensional se pasó al desarrollo técnico de una perspectiva con efecto no solo alto y ancho, sino al logro de una concepción euclídea que nos dejó el «efecto» de un espacio tridimensional casi perfecto.

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’